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NO ESTABA MUERTA,ESTABA DESCANSANDO. El coche trepaba por una oscura carretera hacia algún pueblo del norte de León. M y yo teníamos algo que celebrar junto con otros dos amigos. Uno de ellos organizó una cena y nos dejamos llevar. No quiso aclarar donde. Se limitó a decir:

-Es un sitio que me han recomendado donde se come de cojones.

Llegamos a un pueblo mal iluminado. Parecía que los vecinos habían apagado la luz para irse a dormir.

-Huy, qué bien lo vamos a pasar- sentenció M y los peores augurios se confirmaron.

Entramos. No era un bar. No era un restaurante. No era una bodega. No era un chiringuito. Era la cocina de alguien. Una cocina de una casa cualquiera, en un pueblo cualquiera, eso si, recién reformada.
En la mesa cuatro cubiertos, platos Duralex, servilletas de papel y de cabecera un paisano que ya había empezado a cenar.

Nos sentamos sin saber si hacíamos bien, mirando al hombre que tenia los ojos y los hocicos clavados en una enorme tajada de lo que parecía ser cordero asado y que sostenía con ambas manos. Entre mordisco y mordisco empezó a darnos conversación sin levantar la mirada del plato y el ambiente se relajó un poco. Era el hombre de la casa, el anfitrión, el patriarca y estaba a sus anchas. Todos los dedos presionaban la tajada excepto el meñique de la mano derecha que simplemente no estaba.

-Me lo comieron los gorrinos- Aclaró él. Pusimos cara como de ¡vaya hombre, qué lástima! Muy solidarios con la pérdida.

Nos sirvieron la cena. Creo que era una señora con bata pero no la recuerdo. Cuando terminamos el paisano seguía royendo tajadas de cordero. Entre el vino y los licores las voces se vinieron a las alturas y el paisano nos dijo:

-Hablar más bajo que me vais a despertar a la chica.

Hasta entonces no habíamos reparado en ella. Atravesada entre dos sillas, bajo un abrigo y dos jerseys , dormía una niña de unos ocho o diez años.
Estaba boca abajo y lo primero que reconocí fueron unos pies que asomaban tímidamente al final del abrigo. La cabeza quedaba oculta bajo la ropa.
Esa niña había estado ahí todo el tiempo sin un solo quejido y el tío no se había molestado en avisarlo o en dar una explicación.

-¿Cómo es posible que no la hayamos despertado?-dijo alguien.
-Bah-contestó el tipo y siguió comiendo.
-¡Vaya sueño tiene! ¿no?-insistíamos. Pero él ni se inmutaba bizqueando sobre la carne.

M es un verdadero “tocahuevos”. Es el típico tocahuevos que se presentaría en el baile de Cenicienta diciendo:
-Que sepáis que faltan cinco minutos para las doce.
Así que, fiel a su carácter, sólo se le ocurrió decir:

-A lo mejor está muerta.

El tipo quedó paralizado. La séptima tajada de cordero se desplomó sobre el plato revelando toda la agresividad porcina de su cara y yo pensé:

-Ahora es cuando aparecen dos o tres hermanos, otros dos o tres primos,nos inflan a hostias y nos tiran al pilón. Justo a la hora de los postres.

Miré instintivamente hacia la ventana buscando una salida que afortunadamente no fue necesaria. Todo el mundo se apresuraba a pedir perdón para relajar el ambiente y el patriarca fue calmándose poco a poco.

Cuando nos íbamos la niña aún seguía sin dar señales de vida pero todos mirábamos a M para asegurarnos de que mantenía la boca cerrada.
Estábamos ya dentro del coche cuando vimos que el hombre se acercaba haciendo señas y volvieron los temores.

-¿Podéis bajar a León a una persona? Es mi cuñada, perdió el autobús y no puede pasar la noche aquí.
-¡Claro jefe!-cantamos todos a coro un poco nerviosos. Nos sentíamos en deuda.
Cuando vi que la persona en cuestión era una frágil y arrugada monjita de mirada beatífica supe que algo no iría bien.

El trayecto se me estaba haciendo muy largo. Nadie sabía que decir así que nadie decía nada. La buena señora iba encajada en el asiento de atrás entre M y yo, y en un momento dado éste se dirigió a ella:

-¿Sabe una cosa hermana?

La monjita le miró a través de sus gafas de culo de botella esbozando una sonrisa un poco extraterrestre y M, fiel a su carácter, le espetó:

-Dios no existe.

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Publicado el lunes, 17 de julio de 2006, a las 2 horas y 10 minutos


[1] Uf.. qué ¿final? O_o'''
Comentado por Paralisyk | 17/7/2006 09:29 | http://lipsobilly.blogspot.com
[2] Manitas de Cerdo. Asi es como se podía llamar la Historia.
Cordero de Dios tu que quitas el pecado del mundo...
En Fin que la monja, mujer de pocas y secretas palabras solo oyó lo que ya intuía desde que conocío al cuñado.
Comentado por El Puñalón | 17/7/2006 10:02
[3] Grandes finales... (porque los últimos serán los primeros en el reino de los cielos).

Abrazos rasgados.
Comentado por Matías Bruñulf | 18/7/2006 20:57 | http://www.mividacomounchino.com






Ilustración de Toño Benavides
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