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CAPITÁN ALONSO DE CONTRERAS, MENUDO HIJO DE SATANÁS. Hago y deshago cajas. Libros, latas de betún, velas sin cabo, tuercas, tornillos y libros y casetes y discos de Chavela y más libros. Así voy, tomándome la mudanza con la misma tranquilidad con la que me fumo un pitillo. Y entre calada y calada aspiro "jondo" el veneno del Capitán Alonso de Contreras, un hijo de la gran puta de los tiempos de Cervantes, Shakespeare y Galileo. Nacido en Madrid, de donde muy pronto fue desterrado por dar muerte a otro chiquillo, viajó los mares, rindió corsarios y luego todo lo contó en un libro de una manera tan natural como sanguinaria.
La edición que manejo es la Redondina, que llaman así por ser la del Reino de Redonda, una editorial muy pija que se ha montado el Marías, Javier. El libro de marras viene prologado por el Ortega y por el otro Capitán, el Pérez-Reverte. Se trata de una biografía pasada de broncas y de aventuras donde los hombres se matan a “jierro” desnudo y luego duermen a pierna suelta.Y todo esto me viene al corte para poner aquí que el amigo Pedro de Paz, en su documento Saldaña, también hace un guiño a este libro imprescindible. Para entendernos, “Vida de este capitán”, es un libro que merece ser robado.
Publicado el domingo, 26 de octubre de 2008, a las 22 horas y 07 minutos
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27 TECLAS. Trabajé para una montonera de empresas y en todas tuve iguales inconvenientes. Desde bien pequeño, conocí la dignidad de la desobediencia.
Con el paso de los años me rebelé ante la llamada información subjetiva que me pedían que utilizase. “No soy objeto, soy sujeto”, contestaba con la espontaneidad del que nunca está a salvo del dolor humano.
Por sufrir en rojo, pensar en rojo y decir en rojo me fueron despidiendo de todos los sitios. Ahora que encontré el mío, golpeo y acaricio con palabras ahí donde otros nunca se atreven. Hace ya tres años largos que abrí esta Trinchera para que a los que la economía les niega un sitio, aquí lo tengan. Y acaricien y denuncien y también celebren sus cosas.
Ya puestos, me gustaría celebrar ahora y contar que ando leyendo un libro de Fernando Vallejo, el dedicado a Barba Jacob, poeta y marihuano que le cargó de yerba a Valle Inclán cuando éste anduvo por Mexico. Y le ayudó a disimular un buen fardo en una silla de obispo. Así Valle pasó la aduana sin problemas. ¡Barba Jacob, menudo prenda!
El libro de Vallejo chorrea anécdotas. En realidad no se llamaba Barba Jacob, sino de otra manera. Lo que pasa es que dedicó toda la vida a borrar sus huellas. Las mismas que rastrea Fernando Vallejo a lo largo de esta apasionante biografía. El mensajero, se titula. Y arranca camino de la muerte, en Mexico.
Pongo mi brazo en candela para apostar a que Vallejo es el que mejor hace sonar el castellano. Nuestra puta lengua, la misma lengua que está amasada con la levadura eclesiástica del latín, va el Fernando Vallejo y nos la devuelve rica, jugosa, viva, próxima y jodiente.
Autentico periodismo gonzo, que llaman a este tipo de reportajes en los que el autor escribe en primera persona para hablar de la tercera persona del verbo. Periodismo del chachi, el de Fernando Vallejo y que invoca al poeta más desatado de las Américas. Tomo nota, y con la nota afinada gateo por las ramas de lo jondo, y vuelvo a las últimas habitaciones de la sangre armado con 27 teclas.
Publicado el domingo, 19 de octubre de 2008, a las 20 horas y 44 minutos
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EL CRACK Y EL LOLAILO. Almoraima, Siroco o cualquiera de los discos grabados en directo con el Sexteto, como el que recoge su gira americana, o el de Sólo quiero caminar, o ese otro grabado una noche caliente en San Francisco con Mc Laughlin y Al di Meola, o aquel Castro Marín en el que le doblaba la guitarra al Larry Coryel, hasta partírsela de gusto. Cualquiera de ellos podía haber sido el mejor.
Hasta entonces, fueron tantos y tan buenos los discos grabados por Paco de Lucía que uno ya no sabía con cuál quedarse. Estoy hablando de mediados de los noventa, cuando recién llegado al sur me lo contaron como un secreto. “Chano Domínguez y Jorge Pardo están preparando un disco con temas de Paco. Un homenaje a Paco”. Uhmmm, la cosa ya sonaba, dicha así.
Al final, el disco salió con Tino di Geraldo a las percusiones y Javier Colina dándole al contrabajo. Chonchi Heredia cantó a Camarón, que es también cantar a Paco pues, en flamenco, Paco y Camarón son dos nombres de una misma cosa.
10 de Paco, se tituló la obra. Y para mí es el mejor disco de todos los de Paco por ser el único suyo en el que él no toca y, aún así, el tío consigue estar más presente que en ningún otro.
Son días de huracanes, en los que el viento arrastra los lunares de mi pañuelo y las farolas y las manchas de tinta. Y son días en los que escucho todo lo que cabe en este disco, grabado hace la tira de años y que aún se mantiene próximo. El soplido caliente de la realidad se funde con el de Jorge Pardo soplando las diez de Paco. Y hasta mis zapatos llegan remolinos de papel. Periódicos que dan la noticia. La banquería del mundo, la que concede créditos a los tratantes del terror, ha entrado en crisis. Y los pueblos, acosados de terrores, se preparan para pagar la ruina. Mientras tanto, los que la han montado, desde sus putos despachos van y reivindican la cancioncilla del pío, pío que yo no he sido. Pero qué poco arte.
Y mientras los hijos de la gran puta siguen dándole al tute perrero para llevarse la última baza con las diez de monte, yo voy y me quedo con las diez de Paco.
Publicado el sábado, 11 de octubre de 2008, a las 16 horas y 10 minutos
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UN MAC GUFFIN DE HUEVOS. Eso es lo que tiene la novela de Pedro de Paz. Alrededor de una pieza digna del Fabergé ese, Pedro de Paz forja una trama negra que a su vez mama de la novela de aventuras y de la novela gótica. El documento Saldaña es una virguería.
Desarrollada en el Madrid actual, con su panda de skinhead, sus mafias del Este, sus mujeres bien de Pintor Rosales y unos gitanos de lo más simpático, esta novela lleva todas las trazas de convertirse en una de las más leídas por ahí fuera. Tiene el pulso del mejor Ambler, de los contadores de historias al estilo de Forsyth, Le Carre y la psicologia de la Patricia Highsmith, esa bollera que te atornilla al libro desde la primera página. Pero aún hay más.
Cada vez que escucho a alguien tocar a guitarrazos como Jimi Hendrix lo hacía, me da un subidón que agradezco ya que me trae de nuevo al negro del Diablo. Igual me pasa cuando los gitanos cantan por Camarón. Más que recriminarles por no hacer nada nuevo les aplaudo pues gracias a ellos vuelve el Camarón a vivir. Cuando eso sucede en literatura, es milagroso.
Hace dos veranos leí con agradecimiento la obra titulada Los Navegantes, de un joven valenciano que se llama José Miguel Vilar . Leyendo su desatada historia de ciencia ficción toda ella plagadita de personajes valleinclanescos, José Miguel Vilar me devolvió a veinte años atrás, a la época en que flipaba con las viñetas que contaba Jodorowsky y que dibujaba Moebius. Otro autor, Óscar Lobato, con sus cazadores de humo, me trajo hasta sus páginas a Kipling, a B. Traven, a Quiroga y al viejo aquél que leía novelas de amor de Luis Sepúlveda. En fin, la novela de aventuras en su momento más puro. Óscar Lobato. Cazadores de humo.
Con la novela de Pedro de Paz, El documento Saldaña, me ha pasado algo parecido. En ella me he dado cuenta de que al Capitán le ha salido un discípulo como merece. Ya era hora. El mejor Pérez-Reverte, el de Un asunto de honor, el de La carta esférica o El club Dumas, sin olvidarnos del best seller ibérico a conciencia que se marcó con La piel del tambor, ese Capitán, flota y se sumerge en cada una de las páginas de la novela de Pedro de Paz.
Pero también está el Marsé del Lolita¨s. Y la maestría en los diálogos, al estilo del Juan Madrid pero con músculo largo. Me quito la boina.
Sin embargo tengo un reproche, el mismo que siempre le hago a mi Capitán. El polvo. El polvo no llega hasta la trescientos y pico, y joder con tan poca jodienda.
Soy de los que creen que la novela es arquitectura y no decoración de interiores aunque el Reig me saque como lo segundo en su Manual de Caníbales. El muy perro tiene una forma muy fina de llamarme maricón. Yo hacia el Reig voy más grueso. Pero a lo que voy de verdad es a decir que tampoco pasa nada por decorar la novela con unos cuantos chorros y estilos. Así con el fondo de Chuck Mangione, la trompeta de Cortés golpea el corte cremoso de la entrepierna de ella. Ella es Lola Álvarez, una galerista de buen ver y mejor palpar que nuestro héroe cabalga. Doggy le llaman los guiris a este estilo de jodienda perra. Y ya que estamos con la música tampoco pasa nada por hacerle un Paco de Lucía a Lola Álvarez, hasta vaciarle la cáscara de gusto. Y luego volver a la jodienda perra, y mientras Foreigner suenan a todo trapo, cuatro, tres, dos, uno, así las puntadas de la máquina de coser por ambos ojales. Y a pelo, sin condones ni guantes de latex. Con el luto de las uñas de Cortés clavándose en las nalgas de Lola Álvarez. No sé si lo captas, que diría mi primo el César que es aquí el más versado en ese tipo de escenas. Nadie como él consigue fundir lo más guarro con lo más místico. Las mías no tienen la misma calidad pero, coño, Pedro, te digo lo mismo que al Capitán, me llamas y yo encantado en pasarte unas cuantas. A elegir.
Por lo demás, de las mejores novelas de acción que leí. Y leí unas cuantas.
Pedro de Paz juega con el lector, finge que es cazado cuando en realidad es cazador y, con estas, consigue mantener la intriga hasta un final de justicia, que sitúa en París. Desde que Sara Bianchi es asesinada y Cortés salda su última cuenta, hay un viaje de cuatrocientas y pico páginas en el que Pedro de Paz nos lleva de paseo por el Madrid antiguo y oculto, trazado en un documento que es a su vez el mapa del tesoro que una noche dictó Tusitala. Es verdad: Robert Louis Stevenson y Pedro de Paz son de la misma raza. Narradores de tres huevos.
Publicado el jueves, 2 de octubre de 2008, a las 21 horas y 25 minutos
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DICEN. Dicen que dicen que cuando lo grabó andaba descentrao. Y que por eso ni se hizo foto nueva para la portada. Se le acababa de morir la madre y tenía a su hija pequeña ingresada. Una noche, cuando fue a verla, no le dejaron entrar y se armó mucho revuelo en la puerta del hospital. Ocurrió en Madrid. Al final, el Camarón sacó a su hija como buenamente pudo y la Pepa Flores le prestó su coche para escapar a San Fernando.
No había muerto y ya era leyenda. Letras de molde que los periódicos pintaban cargando tinta, siempre más pendientes del detalle mórbido y chungo, que de su voz y de esa forma de gatear por los palos más jondos de la sangre.
Dicen que dicen que es su peor disco, que está muy mal producido y que se le notan los pinchazos. Pero a mí me parece el mejor de todos. Te lo dice Camarón.
Publicado el viernes, 26 de septiembre de 2008, a las 0 horas y 00 minutos
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AL CAMARUN. A veces me da el punto y me dejo llevar sin rumbo, más allá de la vía del tren y de la noche. Y brinco los esteros hasta ponerme en San Fernando, a esas horas desiertas de la mañana, cuando las gaviotas surgen en el aire. Y así llego al barrio de las Callejuelas donde los gitanos me conocen por mi nombre. “Primo Azorín, primo Azorín”, me jalean. Yo les regalo pañuelos de lunares y ellos baten palmas hasta echar humo.
Llegaron de Oriente, igual que llegan los días, persiguiendo el fuego loco del sol. Y aquí que se quedaron haciendo canastos y dándole al martillo macho de las fraguas, donde lo jondo llega hasta las últimas habitaciones de la sangre. Federico lo contó mejor que nadie.
Me gusta lo gitano, esa presencia de plata pesada y antigua con la que acuñan el canto. Ando por San Fernando, isla rodeada de mareas donde también llegaron los moros y no se quisieron ir. Me acuerdo de él, “Al Camarun”, y de esa luna creciente tatuada en el pellejo de su mano, justo al lado de una estrella de David. Un contrasentido que, bien mirado, no deja de tener sentido. Mientras unos hermanos se hacían pupa en el monte donde un día Moisés levantó sus tablas, mientras esto ocurría y sigue ocurriendo, él los llevaba grabados en su mano, como dando a entender que los unos no se pueden entender sin los otros.
Ahora que quieren cantar como él hasta los que no saben, yo le recuerdo. Y cuando la memoria se enciende como fuego loco, el viento cambia de aire para traerme su voz. Entonces me tiro a cantar con él y las faldas gitanas se ponen a mover lunares y cascabeles. “Ay tarara sí, hay tarara no, ay tarara niña de mi corazón”.
Publicado el miércoles, 24 de septiembre de 2008, a las 20 horas y 13 minutos
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EL DÍA. El día de hoy se levantó del mismo color que la panza de una burra. Aprovechando un clareo, agarro la bicicleta y me pongo en el buzón donde me está esperando el paquete.
Dentro viene El documento Saldaña, que es la penúltima novela de un habitual de esta Trinchera, el escritor Pedro de Paz, y también una alegría para los lectores que gusten de las buenas historias.
Viene con dedicatoria, a boli, en letra mayúscula.
"Para el maestro M G, con mi eterno agradecimiento por brindarnos esa joya llamada Folklore Cósmico y por otorgarme su amistad".
Yo creo que es al revés, y que es a él a quien yo tengo que dar las gracias por tantas cosas que, si aquí las pongo, no acabaría.
Me gusta este tío de Móstoles, puro y auténtico, sin dobleces y que cuenta historias broncas y reales. En su caso, la mentira tiene el valor de la verdad más verdadera.
Desde esta Trinchera Cósmica le brindamos "toíta" la suerte, para él y para su familia. Que deje de currelar en los ordenatas y que, de una puta vez, se pueda ganar la vida haciendo lo que mejor sabe.
Ahora dejo de darle a la tecla y me cargo un canuto. Cuelgo el cartel de "No molesten" y me sirvo un copazo coñac para ponerme a disfrutar la historia que arranca en un sucio callejón, allí donde una mujer que yace salpicada de sangre y barro me da la bienvenida.
Enhorabuena, tío.
Publicado el jueves, 18 de septiembre de 2008, a las 21 horas y 14 minutos
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