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PARAÍSOS ARTIFICIALES. Me gustan los centros comerciales. Al franquear la puerta no puedo evitar la sensación de que ocultan algo fantástico. Tienen mucho de feria antigua, como un juego de la oca con diferentes casillas donde satisfacer el morbo cuidadosamente alineadas a ambos lados de la calle. Interiores secretos, cortinas y tramoyas que esconden oscuros fenómenos de la naturaleza. Mujeres barbudas, siameses, cabezas parlantes, loros matemáticos, forzudos...
Esta sensación dura aproximadamente treinta segundos. Los grandes centros comerciales están demasiado bien iluminados como para no darse cuenta de lo poco que ofrecen en realidad. Aún así yo me intereso por todo. Principalmente aquellas cosas que tienen pantallas, teclas o funcionan con electricidad. Pero no puedo evitar igualmente girar la vista hacia una fregona o una mesa con ruedas. No logro entender como puede llamarme la atención un anillo de caballero con una enorme piedra roja o un juego de tazas de té, y es algo que tengo que investigar, pero así ocurre. Este atento desinterés me permite pasear absolutamente relajado, con una media sonrisa bobalicona dibujada en la cara. Entonces se abre el ojo en la nuca, y puedo oír perfectamente lo que pienso.
Publicado el lunes, 7 de marzo de 2005, a las 12 horas y 06 minutos
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