«THE MILK-EYED MENDER» JOANNA NEWSOM. Si Bjork perdiera los estribos por una noche y se marcara un rollo pederasta con un niño de San Ildefonso, nueve meses y una veintena de años después, el resultado sería algo parecido a Joanna Newsom. De por medio unas clases de arpa y paladas de sensibilidad musical.
Aún con sus muchos méritos musicales, de Joanna Newsom destaca, y no necesariamente para bien, su estridente voz. El problema de su música es el mismo que el de los hermosos ojos ¿azules? ¿verdes? ¿negros? ¿estampados? de Pamela Anderson. Canciones hermosas, de trazo pausado, lastradas por la voz de un dibujo animado japonés. Algo parecido me pasa con las hermanas CocoRosie, pero ellas logran que su voz sea un instrumento más en un paisaje musical un tanto bizarro, pero no tan estridente.
Algo parecido ocurre con la instrumentación de su disco. Predomina el arpa, que a mí por lo menos me remite a una princesa de largos cabellos prisionera en la torre del castillo. Aunque hay que reconocer que sabe Joanna sacar el arpa de su encasillamiento estilístico. ¿Deliro o son aquello del fondo sombras de
blues? Por lo demás poco se han gastado los productores en atrezzo instrumental: voz (chillona), el arpa que se trae de casa la artista, y poco más. ¿Deliro o le ha prestado Stephen Merrit el clavicordio?
En definitiva no es «The Milk-Eyed Mender» un mal disco, pero a uno le queda la duda de si con otra voz perdería personalidad una propuesta tan
freak, o si una propuesta
freak pasaría de la pura curiosidad al notable alto.
Y digo yo, ¿no tiene ya el notable a pesar de los pesares?
«The Milk-Eyed Mender» está editado por Drag City
dragcity.com