«DOWN IN ALBION». BABY SHAMBLES
. Las noticias sobre sus escándalos, detenciones y amoríos con
Kate Moss duplican las reseñas relativas a su música. De toda la vida, un buen
colocón ha vendido más que un gran disco, y nadie a estas alturas va a rasgarse las vestiduras por ello. Sin embargo los tatuajes, la pipa de crack, la naricita de la Moss y la avalancha de lodo que arrastra este chaval tras de sí han estado a punto de sepultar injustamente los méritos de un disco como «Down in Albion».
Y es que estos Baby Shambles no son
The Libertines, pero al menos no nos hacen añorarlos. Huelen a lo mismo, pero no saben igual.
Pete Doherty parece decidido a pisar su acelerador vital mientras reduce revoluciones en su música. Su nuevo proyecto humea al modo que lo hicieron hace muchos años los inventos de los punks británicos fascinados por los ritmos de la inmigración anglocaribeña que poblaba los guetos del reino de Isabel II. The Clash sonríen desde algún sitio al ver de nuevo que la fórmula del punk tostado no fue flor de un día.
Con una producción que prefiere el esbozo al trazo claro y una voz en primerísimo plano, «Down in Albion» despeja dudas. El novio de la fiestera más guapa del Reino Unido puede ser un yonqui y un broncas, pero es un gran músico que vuelve a rayar a gran altura. Quizá no sabe por dónde se anda pero si lo que toca. A mí me vale. Lo otro, lo de qué se mete o dónde la mete, es fanfarria, tomate. Y quién quiere más.
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