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M DE METRO Y DE MP3. Como un Rústico en Dinerolandia he pasado el fin de semana en Madrid. Y me he dado cuenta de que la villa y corte no es distinta que cualquier ciudad provinciana. Simplemente es más grande, y consecuentemente todos los fenómenos sociales se reproducen a mayor escala. Mi fenómeno es el emepetresismo, o la fiebre del emepetrés. El metro, auténtico tubo de ensayo social, es un desfile de infectados por este síndrome. O quizá supongo demasiado. En realidad en el metro solo se ven cables y auriculares, pero nadie puede asegurar al cien por cien que al final de la cuerda haya un flamante dispositivo de almacenamiento masivo. ¿Se mueve el pie de esta joven piercingnada de labio a oreja siguiendo algún ritmo tribal, o quizá es el traqueteo del vagón el que marca el compás? Esa ha sido una de mis paranoias.
Para despejar la cabeza de tan tontas elucubraciones decidí dedicarme a un juego menos (¿menos?) obsesivo: adivinar la música que suena en las orejas de tanto autista con billete metrobús. La chica mona, Bisbal; el negrata de pantalonazos ‘cagaos’, Nas o Snoop Dogg; la ‘crustie’ de los calentadores raídos, algún grupo tipo La Polla. Me canso enseguida del juego. Mi muestrario de estereotipos es reducido y acabo adjudicando siempre los mismos artistas.
Cambio de tercio y ahora juego a algo mucho más gratificante para mi ego. Soy yo el que decido la música de todos los mp3 de la línea Pitis-Las Musas. Les he deleitado con una sesión de mis últimas adquisiciones. No pueden quejarse, ha sido variadita y nutritiva. Sol con The Shins, oscuridad con Burial, un poco de desfase con Klaxons, rock clasicote con Rickie Lee Jones, y mi preferida del momento, una estrella enseñándonos a cantar como una ídem, Kristin Hersh. Les ha gustado a todos, unos tamborileaban con lso dedos, otros movían la cabeza. Yo les miraba, y sonreía esperando un guiño o un pulgar hacia arriba. Muchos me tomaron por un pervertido.
Publicado el lunes, 26 de febrero de 2007, a las 17 horas y 04 minutos
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