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TRABAJO ATRASADO . Hace tiempo que no pasaba por aquí. He estado ocupado haciendo nada, mordiéndole las uñas a la holgazanería. Terminada la manicura he venido a tomar un vaso y a proferir tres o cuatro infundios. No he hecho lista de lo mejor del año, ni de lo peor, pero voy a desquitarme con los tres o cuatro discos que me han quitado el sueño y/o me han provocado sopor estas últimas semanas.
«El Mundo Según» Sr. Chinarro. Es más fácil y divertido poner un disco a parir que cantar las alabanzas del artista de nuestro corazón. Sin embargo San Antonio Luque me ha hecho ver las cosas de otra forma. Si él es capaz de hacer un disco “extrovertido” sin perder un ápice de originalidad, yo debo cantarlo a los cuatro vientos. Discazo. Estribillos como “Pudo ser un amor del montón pero todo el montón era mío” valen su peso en oro.
«Vocies of Animals and Men» The Young Knives. Toda crítica que lean sobre este grupo –ésta también- hablará de sus pintas de pringaos, sus gafotas, su aspecto rancio. No hagan caso, es lo de menos. Es el grupo que consigue que viejos indies de pacotilla como yo, salten en calzoncillos en su habitación. No son Pavement y seguramente ni se les parecen, pero ya saben, todo me recuerda a usted menos usted. Si tuvieran la imagen de los Strokes o Franz Ferdinand, nadie se acordaría de los Strokes ni de Franz Ferdinand.
«Ys» Jonna Newsom. Una vez, en este mismo blog, me quejé de su voz. Pero en aquel entonces dije SÍ; que la cosa resultaba rara, pero resultaba. Ahora ha arrasado como uno de los mejores discos de 2006. Ahora ya no soporto ese tono de pito, ni esas canciones eternas de diez minutos. El disco es genial. Yo no entiendo a los genios. Y a otra cosa mariposa.
«We Push You Pull» The Unfinsihed Sympathy. Levantan pasiones entre los críticos. Yo que soy un aficionado barato puedo decir lo que pienso. Ramplones. Han caído en la marmita de ecos ochenteros más vulgar que se recuerde. Rockito. Rock pequeñito.
«No Promises» Carla Bruni y «Les Piqueres d’Araignee» Vincent Delerm. Pongo el disco uno detrás de otro. Se filtran por el tímpano y me acarician el cerebro. ¿Chanson? Canción-es.
Publicado el viernes, 2 de febrero de 2007, a las 18 horas y 29 minutos
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JOHN CALE.. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. 2 de febrero
Hoy tenía pensado escribir algo sobre el concierto que John Cale ofreció el viernes pasado en Oviedo. Pero se me ha olvidado. El concierto, digo. El poso que ha dejado en mí ha sido ínfimo. Esto no es malo del todo. Puedo jurar que jamás se me olvidan las malas actuaciones. Con lo cual ésta no ha sido mala del todo.
Es algo así como beberse un vaso de agua. Me sirvió para saciar la sed (en este caso mitomanía), pero ya lo he meado.
Era una de las voces de la Velvet Underground, pero no sonó ni una nota del mítico grupo. Hard rock, experimentos con gaseosa electrónica, paréntesis acústico con ecos folkies y sí, un bis de ecos (sólo ecos) velvetianos. Y ya está. Lo he visto y lo cuento para que se sepa, que este señor vive, sigue sacando discos y hace giras internacionales. No creo que vuelva. Yo. A ver a John Cale. Ya lo he visto. ¿Y qué tal? No me acuerdo.
Publicado el lunes, 5 de febrero de 2007, a las 17 horas y 09 minutos
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M DE METRO Y DE MP3. Como un Rústico en Dinerolandia he pasado el fin de semana en Madrid. Y me he dado cuenta de que la villa y corte no es distinta que cualquier ciudad provinciana. Simplemente es más grande, y consecuentemente todos los fenómenos sociales se reproducen a mayor escala. Mi fenómeno es el emepetresismo, o la fiebre del emepetrés. El metro, auténtico tubo de ensayo social, es un desfile de infectados por este síndrome. O quizá supongo demasiado. En realidad en el metro solo se ven cables y auriculares, pero nadie puede asegurar al cien por cien que al final de la cuerda haya un flamante dispositivo de almacenamiento masivo. ¿Se mueve el pie de esta joven piercingnada de labio a oreja siguiendo algún ritmo tribal, o quizá es el traqueteo del vagón el que marca el compás? Esa ha sido una de mis paranoias.
Para despejar la cabeza de tan tontas elucubraciones decidí dedicarme a un juego menos (¿menos?) obsesivo: adivinar la música que suena en las orejas de tanto autista con billete metrobús. La chica mona, Bisbal; el negrata de pantalonazos ‘cagaos’, Nas o Snoop Dogg; la ‘crustie’ de los calentadores raídos, algún grupo tipo La Polla. Me canso enseguida del juego. Mi muestrario de estereotipos es reducido y acabo adjudicando siempre los mismos artistas.
Cambio de tercio y ahora juego a algo mucho más gratificante para mi ego. Soy yo el que decido la música de todos los mp3 de la línea Pitis-Las Musas. Les he deleitado con una sesión de mis últimas adquisiciones. No pueden quejarse, ha sido variadita y nutritiva. Sol con The Shins, oscuridad con Burial, un poco de desfase con Klaxons, rock clasicote con Rickie Lee Jones, y mi preferida del momento, una estrella enseñándonos a cantar como una ídem, Kristin Hersh. Les ha gustado a todos, unos tamborileaban con lso dedos, otros movían la cabeza. Yo les miraba, y sonreía esperando un guiño o un pulgar hacia arriba. Muchos me tomaron por un pervertido.
Publicado el lunes, 26 de febrero de 2007, a las 17 horas y 04 minutos
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