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www.bestiario.com/sonoros
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«L’UNIVERSE».12 TWELVE . 12 Twelve figuraban en los tratados de rock hispano en la t de doce, en la d de twelve, en la c de core y en la p de post. Desde este disco lo encuentras por la j de jazz. A este paso hará falta un tomo entero para estos nengs.
Aunque ahora mismo les vale con la página j. Sólo me pregunto si aspiran a borrar su nombre del resto de páginas del tomo. Porque si bien es relativamente fácil seguir la línea que lleva del post-rock al jazz, parece que 12 Twelve sigan las miguitas de pan mientras dinamitan los puentes que dejan atrás. Algo de post, casi nada de rock y todo de jazz es lo que hay en este disco. Un disco que no mira atrás y que a mi juicio debe poco al pasado de la banda. Eso sí, sin rencores.
Habrá que esperar de todos modos a un próximo trabajo para saber si estamos ante un paso adelante o una excursión a la que un colega se ha llevado el saxo. No confundamos, es ésta una excursión seria, algo más que un viaje a Lourdes, y aún así con milagro. Un viaje en el que se muestra que los buenos grupos están formados por músicos de pelo en pecho y cayo en el pulgar. Instrumentistas de tomo y lomo. El que desde ya es el disco de jazz de 12 Twelve es algo más que una prueba de fuego superada con éxito. Creciendo a cada tema, rompiendo barrera. Masters…del Universo.
www.12twelve.net
Publicado el jueves, 11 de mayo de 2006, a las 16 horas y 57 minutos
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LOS MONOS Y EL PERRO VIEJO . Leyendo a Fernando Martín en El País –su crítica del concierto madrileño de Arctic Monkeys– el periódico se ha vuelto espejo y no me ha gustado lo que he visto. Es una crítica la de Martín de tono desabrido, nada amable, por debajo de la cual asoma la patita el desencanto propio del culo pelao. No conozco a Fernando M., ni sé de sus gustos o su edad, pero en 51 líneas se ha me ha aparecido como un viejo rockero de los que sí mueren alguna vez. No diré yo que los monos del ártico, o como coño se traduzca su nombre, vayan a cambiar el rumbo de la Historia, pero huyo como gato escaldado de ese tonillo entre irónico y cabrón que no deja claro si el grupete le parece una mierda, o lo que realmente le parece una mierda es no formar ya parte de las hordas de imberbes a las que el nuevo hype se la pone tan dura como a él seguramente se la ponían The Jam o The Clash.
Y en fin, que huele hoy en la página 49 de El País a perro abandonado en la cuneta; un perro que ve y ya no entiende, que se ha cansado de correr tras la liebre, y al que ya no le importa dónde salte ésta. Y husmeando husmeando resulta que olor me es familiar. Soy yo el que ya empieza a desprender el tufillo. Y para sacármelo de encima me he acercado a comprar el disco con la portada del tipo que fuma, y me lo he puesto cuatro veces seguidas, y ahora lo llevo en el coche, y en cuanto me sorprendo añorando mis viejos discos de los Clash subo el volumen hasta que de tan aturdido que estoy me parece que ya soy uno de esos miles que han flipado con el olor a nuevo –falso olor- de los Arctic Monkeys. Porque quiero seguir entendiendo lo que pasa, quiero seguir siendo el de hace diez años y me cago en la puta madre del que se atreva a decirme que no sé hacerme mayor.
Publicado el viernes, 19 de mayo de 2006, a las 18 horas y 50 minutos
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12TWELVE+SECRET SOCIETY. COLEGIATA DE SAN JUAN BAUTISTA (GIJÓN)
. 20 DE MAYO. «Hemos hecho un largo viaje hasta aquí y esto va a ser fantástico, ya lo veréis». Si comienzas así de chulo un concierto, o cumples o te corren a gorrazos. Pues no se vio ni una gorra, y las boinas se fueron deslizando de la cabeza al bolsillo amparados sus dueños en la oscuridad de la sala. Todos salimos con la azotea al descubierto.
Fue como una fiesta pagana en el pequeño templo indie en que de cuando en cuando se convierte esta pequeña iglesia del barrio gijonés de Cimadevilla. Porque así fue la cosa, unos tipos poseídos por el demonio del jazz tocando en una iglesia laicizada. Jazz o post rock, que ya se sabe que los demonios son Legión. Por momentos saltaban chispas, como me pareció verlas brotando en cascada de los pulgares al rojo vivo que pellizcaban las toscas cuerdas del contrabajo de Javier García.
Y no sé quién ni dónde pero a ratos alguien aullaba, en el escenario o entre el público, jaleando aquel «no parar» de free jazz o free rock esculpido a dentelladas y salpicado con pespuntes de electrónica un tanto ruidista.
Contrabajo, guitarra, batería, saxo y electrónica. Con esta paleta de colores, a cada rato me quemaba el asiento y los dedos, como locos, se me iban detrás de unas cuerdas, de unas teclas, de unas baquetas imaginarias. Un subidón, un chute. ¡Quema!
PD: Le hicieron el previo a 12twelve, el bueno de Pepo Márquez y su sociedad secreta. He leído buenas críticas del disco, y lamento haberle visto primero en directo, porque ya no me compraré el CD. Desafinado, deslabazado, desconectado... Verde, muy verde.
Publicado el jueves, 25 de mayo de 2006, a las 19 horas y 00 minutos
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MARAH. CENTRO CULTURAL CAJASTUR (OVIEDO) . 25 DE MAYO. El rock americano, entendido como estilo musical, tiene un mecanismo de lo más sencillo. Si me apuran ni siquiera tiene mecanismo. Todo lo más un resorte. Eso sí, bien accionado es un resorte infalible. Lo aprietas y... ¡zas! Funciona. Marah lo tienen bien engrasado.
En Oviedo le dieron al botón nada más comenzar el concierto y la fiesta no se apagó hasta el final. No pudo con ellos ni una sala enemiga del rock, plagada de butacas atornilladas al suelo que no dejan apenas espacio para estar de pie -bailar ni soñarlo-. Sus primeras palabras fueron precisamente para pedir/ordenar al público que se pusieron en pie, y claro, el público -mucho fan- obedeció. Y lo demás ya es historia, rock a tres guitarras y una armónica, rock clásico, de sabor americano, a ratos desbocado, con un fuerte olor a raíces. Mucha cerveza y alguna botella de vino circulando por el escenario y al público haciéndosele la boca agua, pero sin dejar de palmotear, para seguir el ritmo o aplaudir, según tocara.
Dicen que Bruce Sprinsgteen ha elogiado vehementemente su trabajo -cinco discos ya en el petate- y se entiende. El fan de Bruce no tiene por qué amar a Marah, pero es difícil que los admiradores de los hermanos Bielanko no guarden en su casa algún disco del Boss. Aún así el sudoroso rock de Marah, cuando mira por el retrovisor no ve sólo un Thunder Road, como dejaron claro en dos momentos anecdóticos pero reveladores del concierto, como cuando al batería se le descacharró el bombo, y la banda improvisó a pelo para rellenar el ínterin, un poderosa versión de Lynird Skynird, o cuando en mitad de un tema propia intercalaron a los mismísimos Who para delirio de la parroquia (es triste pero la careta de CSI puede más que cualquier ópera rock).
Grandes músicos con manual de showman, saben cuándo hay que pedir palmas, cuándo bajarse del escenario y tocar entre el público para hacernos creer que el concierto es en realidad una fiesta. ¿Y no era eso en realidad de lo que iba todo este rollo?
Publicado el martes, 30 de mayo de 2006, a las 18 horas y 26 minutos
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