«RAZORLIGHT».RAZORLIGHT
. Primero mi madre, ahora mi santa, se han dejado el cutis en palanganas rebosantes de productos abrasivos contra las manchas de grasa, combinados etílicos y demás guarrerías con los que yo acostumbró a decorar mis hábitos. Salvo por los nudillos en carne viva de las susodichas no siento ningún remordimiento: mancharme es gaje del oficio. Soy periodista, y para colmo en mis ratos libres escribo sobre música. Entenderá el paciente lector que he de rebuscar entre la mierda con más asiduidad que la mayoría de la gente de bien.
Uno de los lodazales de más difícil tránsito en los que puedo meterme a riesgo de que la inmundicia rebase el borde mis katiuskas es el del
britpop. En las mismas islas donde en los 70 incitaban a los chavalines al grito de
do it yourself, una treintena de años después se creen que todo el monte es orégano y la concurrencia va a seguir tragando el «todo vale»
per secula seculorum. Yo, que desde pequeño soy guarro vocacional y aficionado a zambullirme en el charco más sucio del patio colegial, meto cada cierto tiempo el brazo hasta el codo en la mierda del
britpop y habitualmente no saco más que eso: mierda. Sin embargo el otro día me pareció ver algo que relucía entre tanto desperdicio. «Razorlight 2» ponía en un alarde de originalidad en la singular rodaja. Pensé en tirarlo de inmediato, porque teniendo en mi casa un lamentable «Up All Night», para qué querría una segunda ración de bazofia. Pero yo, que ya digo, me recreo en lo feo, opté por lo único que podía hacer un pervertido y me puse el disco. Y hete aquí que le he pillao el punto.
Como bien sabrán los habituales no es mi criterio muy de fiar, -que se lo pregunten a los fan(áticos) de Robert Zimmerman-, y posiblemente sea que de tanta música basura se me ha atrofiado el paladar. Sin embargo, por más que he sufrido a
La Oreja de Van Gogh su música me sigue horrorizando. ¿Mi listón está cada vez más bajo o el granito de arena ha caído esta vez en la ostra adecuada?
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