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ATROPELLO. Tengo una mala noticia. Y no la dejo pasar. No sé si es un error contarlo, pero la vida a veces me da vueltas. Aprendí hace años la diferencia entre la estupidez y la ignorancia. Normalmente cuando se refiere a mí. Y todas estas cosas que a uno le suelen poner de mal humor. Pero hay cosas que se desfiguran, a veces como la niebla.
Cruzando una calle, no diré cuál, por que no recuerdo su nombre, fijé la mirada en un coche que acababa de llegar al semáforo. Uno de esos vagones del pueblo, azul metalizado, modelo juego de pastores escoceses aburridos. El fulano que lo conducía venía de dar varios volantazos para terminar el primero de una de las tres filas. Claro que, con sus gafas negras engominadas en las orejas, y esos movimientos sicopáticos de nervios, ver tics, más parecía estar en la parrilla de salida de algún gran premio imaginario. Puedo jurar que le vi contando los segundos del semáforo…Lo que en un scootero suele significar meter puño en cuanto se ponga en verde.
Mientras un señor mayor, lo que quiere decir más viejo que yo, empieza a cruzar. Lentamente. El monigote verde del semáforo empieza a  ponerse temblón. Ya solo le quedan un par de metros, cuando se pone rojo. El monigote es lo que se pone rojo. Sigamos, que os veo perdidos. Porque si el monigote se pone rojo, eso quiere decir que al semáforo le quedan dos segundos para ponerse verde.
El del coche mete la marcha, y se queda mirando al veterano. Aunque de reojo observa a los otros dos coches de su derecha. Que por cierto, están de lo más tranquilo, pasando de ese excitante momento de delirio auto… auto compasiva no es.
Se pone en verde, y el genio y figura, hace un amago de arrancar. Clavando su zarpa en el claxon. Acelerón, medio metro y frenazo. Veo al viejo dar un salto de lado de medio metro y pico. Llevándose las manos al corazón. El del coche, baja la ventanilla al grito de quita de ahí hijop... y que terminó ahí por que a mí me salió un rugido de cabronazo. A lo que dio un volantazo y salió escopetado.
Tras darle la razón al caballero, decidí desentumecer los nervios, y me fui calle abajo hasta Princesa. Bajé hacia Plaza de España, justo en frente de la Plaza de los Cubos, donde hay unas escalerillas de piedra, que si estuviesen en otra ciudad, ver París o Roma, estarían ultra fotografiadas. Me quedé viendo la fuente que hay entre ellas. No tengo ni idea de arquitectura, así que de su estilo ni hablo. Pero tiene dos vasos uno abajo, grande y otro más pequeño, con una estatuilla de piedra también. Los vasos tienen un acabado como de labios de vieras, u otra concha, porque tampoco tengo ni idea de biología. La cuestión es que, en la pared de granito, algún visionario a pintado a plantilla unos peces saltando y cayendo. Es la misma plantilla pero con varias posiciones, lo que hace que parezca que unas truchas, o salmonetes, vaya usted a saber de peces ahora, van de un vaso a otro, a modo de cascada.
Y allí me quedé un rato. Tranquilo y sosegándome, al darme cuenta que algunos, en la humanidad, o vaya usted a suponer lo que quiera que sea, tampoco soy especialista en eso, prenden de guiños mi zona. Y no hablo de los majaderos que llenan de firmas estúpidas las paredes. Que eso a lo mejor es arte en alguna feria, pero para mi…vale, tampoco tengo ni idea de eso.

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Publicado el lunes, 27 de febrero de 2006, a las 20 horas y 03 minutos








Ilustración de Toño Benavides
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