WIKIFABADA. Me metí entre pecho y espalda una alubiada densa y contundente, con morcilla de la tierra, chorizo y costilla en adobo. Me eché una siestorra. Intenté despejarme metiendo la cabeza debajo del grifo y pensé que antes de embestir contra la clase política quizá me vendría bien documentarme un poco. Pero entré en la
Wikipedia, una colosal enciclopedia internetera, y, quién sabe por qué recóndita razón, en vez de verborrea busqué la palabra
pedo.
La definición me dejó pasmado: «
Se denomina flatulencia o flato a una mezcla de gases producida por bacterias y levaduras simbióticas que viven en el tracto gastrointestinal de los mamíferos y de partículas aerosolizadas de excrementos, que se expulsa por el ano con un sonido y olor característicos. Una vez expelida del organismo, la ventosidad recibe el nombre de pedo, y la acción que produce su expulsión, tirarse (o echarse) un pedo, o simplemente peerse. Sin embargo, muchas personas consideran estos términos ofensivos y emplean otras alternativas eufemísticas para referirse a ellos».
Qué gran invento es Internet. Descubrí que, «
como media, las personas liberan entre 0,5 y 1,5 litros de flatos, repartidos entre 12 y 25 episodios a lo largo del día». Luego me enteré de que «
la flatulencia está compuesta principalmente por nitrógeno, y no por metano, como comúnmente se cree».
El metano me intrigó: en las minas lo llaman grisú. Continué buscando. Las vacas producen unos 280 litros de ese gas cada día; tanto, que algunos exagerados atribuyen a sus eructos y ventosidades el agravamiento del efecto invernadero.
Terminé mis pesquisas delante de un
reportaje de la BBC. En Suecia funciona un tren propulsado por biogás, un combustible extraído de los residuos orgánicos de las vacas. Las entrañas de una sola res pueden impulsarlo durante cuatro kilómetros.