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GAFIEIRA: BAILE POPULAR QUE SE BAILA MUY AGARRADO.. Cuando Moreno Veloso se presentó en el Teatro Albéniz de Madrid, su voz tímida, humilde y de bajo perfil dejaba entrever, repantingada en un banco del camerino situado enfrente del ambigú, el problema derivado de su nuevo concepto musical, la lo-fi bossa, pues decía que en Europa la consideraban muy brasileña y, digamos, tradicional, mientras que en su país era vista como demasiado vanguardista. Moreno, durante aquel concierto incluido en el Festival de Otoño, llevó la voz cantante, fielmente escudado por Doménico Lancelotti y Alexandre Kassin, y destripó, melodía a melodía, su Máquina de escrever música. Yo me lo había empollado bien durante los días previos al bolo, después de pedirle prestado el cedé a mi amigo y querido David Losa, y seguí disfrutándolo más tarde, saboreándolo gajo a gajo, sin plantearme que aquel que escribía y cantaba era el hijo de Caetano: el apellido pesa; la familia, también.

Moreno Veloso, parido en Salvador en 1972, amadrinado por Gal Costa, a quien precisamente vi hace más de un lustro con David e Inés en Buenos Aires, ha sabido hacerse un hueco en el panorama musical brasileño, tan prolífico, tan rico, tan empanada: xoubas, pulpo, zamburiñas, bacallau con pasas, no sólo atún. Y de la experiencia de Moreno+2 (o sea, más sus colegas, que le dan el relevo para convertirse en Doménico+2 o Kassin+2, según quien protagonice el disco y la consecuente gira) a la de la Orquestra Imperial, superbanda carioca de emepebé nostálgica de la gafieira e integrada por el trío de marras y un sinfín de artistas: Rubinho Jacobina, Leo Monteiro, Rodrigo Amarante, Rodrigo Bartolo, Mauro Zacharias, Felipe Pinaud, Pedro Sá, Max Sette, César Bodão, Stephane San Juan, Thalma de Freitas, Nina Becker, Nelson Jacobina, Bidu Cordeiro y Berna Ceppas.

Todos, reconocidos músicos con grupo (Amarante, de Los Hermanos) o de figuras como Caetano, Arnaldo Altunes o Paralamas. Por no hablar de uno de los últimos fichajes, el crooner Wilson das Neves (cantante y compositor de Império Serrano), o de las múltiples y sonadas colaboraciones, a saber: Marisa Monte, Fernanda Abreu, Ed Motta o Seu Jorge, uno de los primeros integrantes del combo, al que ustedes conocerán por su participación en Cidade de Deus o por pasarse toda la travesía tocando la guitarra y versioneando a Bowie en The Life Aquatic, esa simpática rareza fílmica protagonizada por un Bill Murray afectado por el síndrome de Jacques Cousteau.

Valga la presentación de la banda para que tomen nota de ella y para resarcirme por escrito del accidente sufrido esta noche, cuando me disponía todo contento a comprar una entrada para presenciar a la tropa en el Cesc Pompéia y me encontré con un no hay billetes. Lleno ayer y hoy, lo único gracioso del asunto es que, tras pagarle cinco reales a un gorrilla para poder dejar el coche de Pedro en la puta calle, desandamos nuestros pasos para, al menos, recuperar el billete. Fue entonces cuando el chaval nos intentó colar un par de entradas (oh, la reventa) por un módico precio hasta que servidor cazó al vuelo el truco del almendruco, la trese catorse, que diría el Tete, y le dijimos que nanai sin esgrimir motivo alguno. Resumiendo: eran del día anterior.

Faltaba entonces liberar de su secuestro callejero, nocturno y alevoso a la mentada nota de cinco, negada en un principio hasta que le sugerí al pieza que esperaríamos por un nuevo incauto dispuesto a desprenderse de un segundo vil papel, que nos correspondería, a cambio de estacionar su vehículo en la teóricamente pública calzada. Aunque el billete, doblado como el de un suizo (o sea: emigrante gallego de vacaciones en la tierra madre o, cada vez más, definitivamente retornado), no era el mismo, en fin.

Conclusión: escriba cien veces en la pizarra: Nunca volveré a ir a un concierto de la Orquestra Imperial sin antes confirmar por teléfono que todavía quedan entradas. Y, ya puestos, salidas.

Feliz, a pesar de los pesares, agosto.

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Publicado el domingo, 13 de agosto de 2006, a las 3 horas y 43 minutos


[1] Musique automatique. De pronto ir a un concierto me parece una actividad antíquisima, de antes de nacer. Fuera de Yugon Yishan (local donde de vez en cuando dan conciertos malos) por estos lares prácticamente no se puede escuchar buena música en directo.
Desde que llegara aquí sólo he visto a Stereo Total, dúo franco-alemán que nunca conseguí escuchar en Berlín, con su mítico "Ich liebe Liebe zu dritt" ("Amo el amor a tres"), y allí ante Francoise Cactus y Brezel Göring volvieron aquellas fiestas descalza dando vueltas sobre tu propio eje, Patrick y su eterna botella de tequila, Antonella moviendo sus largos brazos, Philipp entrándole a todo, la hiperactiva Valentina, la mirada irónica de Áron y todo lo demás.
Casi me vuelvo loca de alegría y nostalgia.
Y claro, todo siempre a pesar.
Comentado por BV | 14/8/2006 05:50
[2] Levedad. A pesar de que pese, alas.
Comentado por Matías Bruñulf | 14/8/2006 17:00






Ilustración de Toño Benavides
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