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DORA(I). Tienes que venir conmigo le dije a M. Esta vez no vamos a buscar la sorpresa. Es al otro lado del río, en la feria.
Dora, mi sueño erótico de la infancia, estaba allí entre "La Moto del infierno" y el "Teatro Chino”, detrás de los coches de choque. La había visto en el periódico. A página entera se anunciaba el "Gran Circo Ringlin" y sobre una estrella con borde rojo estaba ella, acompañando a un mago que mezclaba chaqué y turbante en el mismo atuendo con tanto aplomo como un galán de noche. Ella vestía tal como la recordaba: un corsé color crema rematado en flecos dorados que apenas le rozaban la parte alta de los muslos, pero ahora con las costuras algo más tirantes. Había cambiado el lomo de los caballos blancos sobre los que ejecutaba piruetas y equilibrios por la seguridad del suelo, adornando los números de un mago escuálido con ínfulas de aristócrata hindú.
Dora cargada de palomas. Dora cortada por la mitad metida en una caja, moviendo sus zapatos en un extremo de la pista y sonriendo en el otro. Dora que se esfuma tras un paño negro y aparece entre el público. Dora con una gruesa capa de buen humor que se limpia tras la función con toallitas de maquillaje.
De niño no me llamó especialmente la atención hasta que la vi por la grada, poco después de ejecutar su número, vendiendo tabaco y caramelos con una de esas cajas que se sujetan al cuello por una correa. A una seña ella se acercaba rozando al respetable con sus medias de rejilla e inclinaba sus tetas sobre la mercancía mientras el fulano de turno se tomaba su tiempo para elegir.
Nadie parecía reconocerla sin los caballos o no les importaba pero para mi tener sus caderas entre nosotros, al alcance de un mordisco, después de todo su despliegue de magia y luz en la pista, era mucho más de lo que me hubiera atrevido a soñar; algo así como la posibilidad de tocarle el culo a un ángel. Había llegado el final de la vieja discusión bizantina :
los ángeles tenían sexo, tenían piernas, tenían culo, tetas, zapatos de tacón ,estaban un poco rollizos y además vendían tabaco y chupa- chups.
Publicado el jueves, 11 de enero de 2007, a las 22 horas y 33 minutos
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DORA (II). En una soleada mañana laborable de una pequeña ciudad, el parque de atracciones está tan desierto como un pueblo abandonado así que fuimos directamente al recinto destinado a las caravanas del del circo.
Salvo la ropa tendida,el gruñido ocasional de algunos animales y un barrendero, allí no había señales de vida. En alguna parte de aquel laberinto estaba Dora.
Preguntamos al barrendero:
-¿Dora Martin's, sabe usted donde vive?
-Es allí, la tercera-dijo apuntando hacia un grupo de caravanas-la que tiene dos tiestos a la entrada.
Cuando nos acercábamos se oían dentro algunas voces más altas que otras. La puerta se abrió y un tipo delgado que se parecía mucho al mago hindú salió como despedido. Pasó bufando entre nosotros descalzo y con parte de la ropa en la mano. Para entonces M ya se había arrepentido varias veces de haberme seguido la corriente.Sujeta esta cámara un momento,por favor-le dije- y en ese momento Dora apareció en la puerta atándose el cinturón de una bata de gasa azul cobalto con cuello de marabú. Adelantó su pie rechoncho encajado como un corcho en un zapato con pompón de peluche y abertura delantera para el dedo gordo y con ese dedo apuntando hacia nosotros como el cañón de una pistola, nos disparó :
-¿Y vosotros qué coño queréis?
-El suyo, de usted, señora- me hubiera gustado contestar, pero parecía haber una rifa de bofetadas en el ambiente y además no era forma de empezar a conocernos.
-Queremos entrevistarla para el periódico local.
Había ensayado la frase varias veces, pero nunca había sonado tan falsa.
-Pasad-dijo después de hacernos un buen traje con la mirada y atravesamos aquella puerta tan estrecha que hacía casi imposible una huida airosa.En caso de extrema necesidad,quiero decir.Siempre puede presentarse esta eventualidad cuando vas a entrar en un sitio de donde, poco antes, ha salido alguien maldiciendo, sin contar con lo "capullo" que puedas ser tú y el talento que seas capaz de desplegar para complicar las cosas.Tratándose de M ese es un detalle que hay que tener muy presente.En cuanto a mí, creo que ya no tengo nada que demostrar en ese sentido y la situación no era precisamente tan sosegada como la del patio de un convento.
Publicado el jueves, 18 de enero de 2007, a las 21 horas y 44 minutos
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DORA (III). Dora exhalaba tanta energía como un sargento de la Legión y era igual de autoritaria. Parecía ese tipo de persona tan harta de la gente que no pierde ocasión de maltratar a alguien. Además había descubierto que le gustaba el papel de mala-una actividad en la que era verdaderamente buena- y ,como supimos después, a cambio de dinero mucho mejor. Con aquel peinado años cincuenta que revestía a las mujeres con la inocencia de un pajarito, su lenguaje y ademanes se hacían aún más evidentes.
Nos sentamos muy juntos en un sofá al fondo de la caravana, que parecía más grande por dentro. Dora se sentó en una butaca frente a nosotros sin nada por medio que nos impidiese ver cómo cruzaba las piernas. Llevaba puestas unas medias color beige con remate de blonda en ese punto en el que la costura atenaza avariciosamente el muslo. No combinaban en absoluto con la los zapatos azules, pero no importaba. Aquellas piernas salieron por la abertura de la bata como la vara de Moisés abriendo las aguas del mar rojo.
La vida no suele ser tan bonita -pensé- ni siquiera a ratos. Aquella bizarría en el vestir no podía ser casual y mucho menos tan temprano.
-¿Así que una entrevista eh?
La pregunta salió de su boca enredada en las volutas de humo del cigarrillo que acababa de encender y desvaneció en el aire su carga retórica con la misma facilidad. No llevaba sujetador y la bata de gasa era tan opaca como el cristal de un relicario.
Sentados en aquel sofá tan bajo con las manos en las rodillas a la altura del pecho parecíamos una tímida pareja de gorriones ante el cañón doble de una escopeta de caza. M. se agarraba a la cámara como si fuera un escudo protector y yo evitaba mirarlo directamente para mantenerme concentrado en el papel de entrevistador serio.
Publicado el miércoles, 24 de enero de 2007, a las 22 horas y 12 minutos
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