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JACKSON BROWNE. TEATRO CAMPOAMOR (11 DE MARZO) . Entré en el teatro a rastras. Tiraba de mí la lacerante sensación de haber pagado 22 eurazos y de que ante semejante desembolso estaba obligado a sentarme en un butacón de teatro, aplaudir a rabiar (pasase lo que pasase en el escenario) y salir del concierto proclamando a los cuatro vientos que había sido testigo de un acontecimiento irrepetible. Acariciando la almohada que llevaba bajo el abrigo por si las moscas iba al mismo tiempo preparando un adjetivo elogioso por cada euro pagado. Tanta prevención tiene sus porqués. No soy fan de Jackson Browne, su época dorada me pilló a bordo de un taca-taca con el que corría por el pasillo de casa, y era éste un concierto en formato acústico inscrito en la gira de un disco («Solo acoustic») que asusta al más valiente.
Y ahí lo tienen. Aún hoy lunes me miro las palmas de las manos y me sonrío al comprobar las ‘rojeces’ que me dejó la batalla de aplausos contra ronquidos: ovaciones 20, bostezos 0. Conozco los originales del repertorio de Browne de lejos y recalentados en el microondas, pero reconozco que tiene piezas que no desentonaría al lado del mismísimo Dylan. Y en Oviedo, y en acústico me erizaron los pelillos del cogote.
Eran tres: el californiano, su inseparable David Lindley y el batería (el sábado sólo caja y bongos) Tino di Geraldo. Y lo más impresionante fue su capacidad para crear ambientes: electrizante, pese al formato acústico, en los pasajes más graves y de auténtica fiesta en sus incursiones más roqueras o tex-mex (el público tenía ganas de fiesta y las palmas sueltas). Me queda la sensación de haber asistido a una función de verdaderos músicos, capaces de hacer sonar bien una lata golpeando contra el suelo. Arrollador, sin ningún tipo de aspavientos. Tres colegas tocando a su bola y dejándonos pasmados. Browne con una voz en plena forma, Lindley convertido en hombre orquesta tocando cuanto instrumento se le puso por delante (guitarras varias, mandolina, laud, violín...), y un Di Geraldo quizá un tanto desdibujado, desaprovechado por el modesto arsenal del que disponía para dar rienda suelta a sus capacidades como baterista.
Cayó todo lo que cabía esperar: Running on Empty, Take It Easy, Too many Angels (demoledora), Live in The Balance... y sí, Stay en un larguísimo bis que la concurrencia agradeció.
Total, que salí del teatro a rastras. Aplaudiendo y pidiendo más. Y la almohada... ¿qué almohada?
Publicado el lunes, 13 de marzo de 2006, a las 19 horas y 55 minutos
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