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«WAITING FOR THE SIREN’S CALL». NEW ORDER

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Un día sales a la calle y al pasar por delante de un escaparate ves reflejada tu imagen en el cristal y no te reconoces. Tiene que a haber sido una ilusión óptica. Tú nunca has tenido esa barriga. Ya no eres el chavalín de hace 20 años pero siempre has tenido la impresión de que te conservas bastante bien. Incidente archivado.

Tres manzanas más allá miras de reojo tu silueta en otra luna y te devuelve el mismo perfil panzudo. Y diez metros más allá lo mismo. Y otra vez, y otra, y otra, y otra… Te has pateado de arriba abajo toda la zona comercial de Manchester y no has visto más que reflejos borrosos de un tío que pareces tú con 15 kilos extra. Pero te tomas unas pintas en el bar y la barriga, ahora bien preñada de birra, si no mengua, pesa menos en tu conciencia.

Estás envalentonado, y al salir del pub te atreves a piropear a una chavala a la que sacas 30 años, y que te saca los colores al dedicarte una sonrisa condescendiente y un dedo corazón enhiesto. Vuelves al pub a cargar combustible para tu maltrecho ego.

La vejiga comienza a apretar y te das un viaje hasta el baño. Te miras al espejo y descubres que las incipientes entradas de hace un tiempo ya son historia. Ni Beckham podría competír con semejante bola de billar. Eso sí, has tenido la precaución de pedirle al peluquero que te conserve esa melenilla escobillera que sin duda te da un aire de maduro enrollao. Muy ‘cool’.

Tres cervezas después piensas en ti mismo y concluyes que siempre puedes meter tripa cuando salgas a la calle, que al fin y al cabo una sonrisa de una niñata de 20 años es un botín del que no todos los cincuentones pueden presumir, y que la melenita de marras es un punto a favor irrefutable.

Vuelves a salir a la calle y con una sonrisa de imbécil caminas por la calle mientras aguantas el aire para que no se te desborde la faja de michelines. Te atusas la coronilla y justo en ese momento vuelve a parecer la niñata risitas. Se acerca mientras la miras fijamente, convencido de que ha vuelto sobre sus pasos para ir a tu encuentro. Vas a decirle algo cuando te esquiva y masculla unas palabras entre dientes. Ha dicho “patético”.

Lo más terrible de todo es que no lo has oído. ¡Dios santo, no lo has oído! ¡¡¡No lo has oído!!!

¿Por qué tenían que volver ahora con semejante disco?



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Publicado el viernes, 17 de junio de 2005, a las 17 horas y 09 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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