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www.bestiario.com/sonoros
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«FIRST IMPRESSIONS OF EARTH». THE STROKES . Miguel Bosé, Pedro Marín o Los Pecos fueron en su día los máximos exponentes del fenómeno fan en España. Las adolescentes de entonces coreaban sus canciones de pe a pa y compraban superpop a tanto el kilo para saber el color favorito del vástago de Lucía Bosé, o el horóscopo de los hermanos Herrero Pozo. Las carpetas colegiales eran un guirigay de colorines estridentes entre los que asomaba la jeta o el culo embutido en tejanos rotos el ídolo del día. Sus discos y su estética han envejecido mal, hasta el punto de que hoy inducen a la risa, y su mayor éxito a estas alturas es sonar como cierre fin de fiesta en plan broche freaky-cool cuando la concurrencia está lo suficientemente puesta como para reírse de sí misma bailando el «Don Diablo».
Para ser un ídolo se requería ser joven, guapo, dar bien en las fotos, y no desafinar. Buscando con este patrón y viajando en el tiempo tres décadas y unos miles de kilómetros en el espacio encontramos a The Strokes. Jóvenes, guapos, pasión de las revistas de tendencias y parece ser que ahora de los diseñadores. Hemos empezado a pasar por alto el último requisito, ya que en este tercer disco la caída ya es libre. El globo se desinfló notablemente en su segundo trabajo y ahora alguien debe buscar desesperadamente el pinchazo antes de que la goma quede totalmente flácida. Los muebles son casi los mismos desde el principio, pero cuantos más los mueven peor queda la habitación: las maderas se van ajando, las telas rayendo, los suelos gastando, y cada vez su disposición es menos original.
Son un fenómeno de fans actualizado y seguirán vendiendo, pero cada vez más revistas y menos discos. Y al final echarán barriga.
thestrokes.com/
Publicado el lunes, 9 de enero de 2006, a las 19 horas y 36 minutos
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¡ABAJO LAS LISTAS! ¡ARRIBA LAS TONTAS! . Es tiempo de listas en El Corte Inglés. Y yo debería hacer la mía propia, pero no. Soy perezoso por naturaleza y pongo como prueba, no un botón, pero sí un blog. Éste, en el que escribo con la periodicidad de una menstruación un tanto descontrolada. Por lo tanto, la pereza es mi principal y más sincera excusa para no publicar mi lista de lo mejor del año, lo peor o lo regular. No necesitaba más argumentos, pues soy un tipo fácil de convencer(se a sí mismo), pero mi inocente comentario sobre el disco de The Strokes ha reafirmado mis convicciones sobre la conveniencia de no añadir gasolina al fuego.
Un solo comentario sobre un grupo vendedor ha despertado más pasión incontrolada que un año de esforzado trabajo (ejem) comentando discos, actitudes o pintas de bandas de tres al cuarto que seguramente no superan las 1.000 copias o, lo que es peor, las 1.000 descargas piratas en internet. Al aficionado a la música en actitud dialogante (ejem again) no le importa en absoluto la opinión del prójimo sobre tal o cuál disco, sino verse reflejado en la opinión del enemigo potencial, y si no, saltar sobre su yugular. No me asusto, yo también soy uno de vosotros: me gustan la listas para compararla con MI lista, pero me piernan las tiemblas sólo de pensar que alguien se pudiera tomar mi lista de fobias y filias como un folleto de los Testigos de Jehová con el que pretendiera ganar adeptos para la causa. Mi causa. Que por alguna causa no sé cuál es.
Por lo expuesto: no voy a hacer lista alguna. Pero no me resisto a apuntar con total humildad, algunos discos que me han llamado la atención en el extinto 2005. Hojeo el calendario Pirelli y veo las muescas que ha dejado el año de la proclamación del Papa Benedicto. Y no puedo por menos que arrodillarme y agradecer en actitud implorante dos de los mejores hallazgos personales que me ha deparado el susodicho ejercicio: The Arcade Fire y Broken Social Scene. En un santiamén rezo media docena de padrenuestros porque las Sleater-Kinney sigan dándome alegrías en años venideros. Cuatro Salves por mi querido Antony; que Nuestra Señora le acoja como una más junto a sus Johnsons, y vuelva a deleitarnos con esa sensibilidad tan… tan… tan... ¡tan! Y punto. Dos Ave Marías por Bloc Party para que no se aparten de la senda que lleva al cielo, y un Jesusito de Mi Vida por todas esas bandas que han hecho el año más ligero sin pedir mucho a cambio: Franz Ferdinand, Maximo Park, etc, etc…
A Buda le pongo dos barritas de incienso mientras beso una estampita del barbudo Devendra Banhart, y le hago una ofrenda de alimentos (los que no se han comido The Magic Numbers) para pedir que estos gorditos vuelvan a hacerme sonreír con su nuevo disco.
Bailo una danza animista con el paso cambiado, pero sin cansancio, pese a haber bailado horrores con LCD Soundsystem, y meneado la cadera con el soul de Jaime Lidell. Después reposé, y por eso peregrinaré a La Meca, en brazos de Four Tet, Roisin Murphy y Mirdaicondo.
Y cómo no, disparo varias salvas en honor de la Inmaculda Concepción, patrona del cuerpo de infantería del Ejército Español, por haber guiado la sabia mano del maestro Kiko Veneno, cargado de gracia el disco de Feria, abierto las puertas a Las Escarlatinas y mostrado el camino (aún queda un trecho por recorrer) a La Habitación Roja.
También le pido al Espíritu Santo que me ilumine para ver qué carajo tiene M.IA., qué es eso que la hace tan especial, y que yo no he sabido ver. Peor que Santo Tomás, ni viendo, ni oyendo, creo. Me queda tocar, pero auguro que ni por esas. Tres cuartos de lo mismo me pasa con Animal Collective. A la sagrada paloma le imploro igualmente que cuelgue una pequeña llama sobre la cabeza de The White Stripes y Death Cab for Cutie, para ver si hay forma de que recuperen aire. Que saque a Mathew Herbert de su atolladero conceptual y que se lleve a New Order con él para que no sigan atentando contra su propia historia.
Hay más, bueno y malo, pero la pereza me vence de nuevo. Y eso que sé que es pecado capital.
Por cierto, he hecho una lista ¿no?. Y encima desordenada.
Publicado el jueves, 19 de enero de 2006, a las 18 horas y 59 minutos
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«PLAN BE». JAVIER ÁLVAREZ . No parece un cantautor, su música no es la de un cantautor, luego no debe de ser un cantautor. Javier Álvarez responde a los patrones del género y sin embargo lo rompe desde dentro. Después de escuchar su último disco doble me atrevo a asegurarlo en público sin mirarme las punteras de los zapatos: me parece un músico espléndido.
Lejos del indie, pero aún más del cantautor al uso, se mueve en tierra de nadie, intuyo que a punto de morirse de sed, trazando un camino ascendente que puede llevarle más alto que el Alpe d’Huez. Ni carne, ni pescado, el suyo es un menú mixto difícil de cuadrar en algunas cartas. Defenderlo ante el público de Nacho Vegas es poco menos que imposible; ante el de Ismael Serrano, una quimera.
Su «Plan Be» no es un plan perfecto, pero puede servirle de base para el asalto al tren de Glasgow. Pop de puntillas, (nada del rango rango guitarrero del cantante protesta), trenzado con algunas de las mejores letras que se han escrito y se escriben hoy en día en nuestro país.
Antes de poner dedos al teclado pensé en mil coartadas para justificar mi comentario dedicado al que han bautizado como cantaupop, pero decido salir del armario metiendo ruido y con el culo al aire. Me gusta Javier Álvarez, y me gustaría que le gustara a más gente. Se lo merece. Hace algo bueno y canta las verdades del barquero. Y las canta bien.
javieralvarez.net /
Publicado el miércoles, 25 de enero de 2006, a las 18 horas y 56 minutos
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