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«YOU COULD HAVE IT SO MUCH BETTER». FRANZ FERDINAND

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¿Qué habría pasado si Picasso hubiera dejado para la historia una docena de Guernikas idénticos? ¿Cuál tendría más valor? ¿El primero como hallazgo artístico? ¿O quizá el último por la capacidad del autor para repetir «ad infinitum» una obra maestra sin traicionar el modelo original?

Viene esto a cuenta de que los Franz Ferdinand «han vuelto a hacerlo». De nuevo hay que echar mano de la frasecita de marras y preguntarse si nuestra pobreza de recursos se pone en evidencia debido al mérito de los escoceses o a causa del mimetismo de su corta trayectoria. Lo nuevo de los Ferdinand es tan bueno como lo no tan nuevo, aunque bien es cierto, no merece ser comparado con el Guernika ni con ninguna obra de Picasso. Lo suyo es pop, pop rock, o como quiera que se catalogue esa música del demonio que provoca semejantes subidones emocionales y dibuja sonrisas con solo pulsar la tecla (eso sí, recóndita tecla) de la melodía perfecta. Así pues música de consumo. Nada de arte. O quizá arte de consumo, que al tercer disco podría dar en arte de consumo fabricado en serie si no se mueven más las piezas. Porque este disco funciona, ¡vaya si funciona! Sin embargo estamos ante una fórmula mejorada de su genial debut. Lo que no es malo en absoluto si no fuera porque de repente me han entrado unas ganas terribles de escuchar el próximo.

Eso sí, todavía sin herida que curar no debería manosear tanto esta venda con la que me estoy enredando los pies y las orejas. «You Could Have It…» es un disco que comienza como una apisonadora y pone sobre la mesa todo el juego en la primera mano (ese «The Fallen» en el que ya me parece reconocer la existencia de un sonido «Ferdinand»). Aunque «Do You Want To» me susurra al oído que antes de estos escoceses hubo unos tal Blur que seguirían teniendo su trozo del pastel si no hubieran salido del canódromo. Para mí gusto el disco ganaría altura soltando el lastre de «You’re The Reason I’m Leaving» y «Well That Was Easy», dos temas a piñón fijo poco sutiles que desmerecen en este ramillete de jitazos, como se dice ahora.

Mi highligth: ese «Eleanor Put Your Boots On» que más que botas calza botines beatle. Eleanor, Eleanor, Eleanor… Quizá nieta de una tal ¿Rigby?

franzferdinand.co.uk

Publicado el viernes, 7 de octubre de 2005, a las 16 horas y 46 minutos

EDDIE Y YO
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Yo decidí que no iba a ser jevi. En mi clase de primero de BUP había que ser algo: rocketa, metalero, punkarra, decir que flipabas con las faldas de Miguel Bosé… lo que fuera, pero había que ser algo. Sobre todo si no jugabas bien al fútbol.

Y no sé lo que fui, pues por aquel entonces descubrí a unos Sigue Sigue Sputnik, que por sus pintas me parecieron lo suficientemente molones como para crear mi propia corriente, y me subí a ese carro que (como un disco después se vio), ni siquiera tenía ruedas. Pero lo que tuve claro desde el principio es que no quería ser jevi. Puede que fuera la melena (a los 14 gastaba un rizos que ni el scotch brite, poco apropiados para balancear la cabeza al ritmo de «Smoke on the Water»), puede que el dolor de testículos que me provocaba un simple vistazo a los elásticos de los metálicos de mi clase. Puede que fueran las zapatillas (las famosas J Jhaiber de 1986 eran un atentado contra la moralidad y el buen gusto). Lo que no fue seguro fue la música. En secreto tocaba la air guitar bajo la ducha y me marcaba unos solos de guitarra que ni Yngwie Malmsteen.

Pero nadie lo sabía a excepción de mi madre, que alguna vez debió de sorprenderme en pleno éxtasis guitarrero y se calló la boca por miedo a descubrir que tenía un hijo más tonto o más raro de lo que creía. Sufrí mi subconsciente jevi como se sufren las almorranas, en silencio, y sin pomada que me aliviara. Los Sputnik me molaban de verdad, y poco después descubrí a los verdaderos punks, que me gustaron aún más, pero no podía concebirse que aquel fideo con rizos y zapatones Dr. Marteens admirase a los Maiden.

Viene esto a cuento porque hoy, sobrepasada con holgura la treintena me he comprado «Seventh Son of a Seventh Son», y cuando subía por la escalera mecánica de El Corte Inglés hacia la calle he mirado a mi espalda para asegurarme de que nadie me vigilaba y he sacado el disco, he arrancado el plástico con los dientes y me he pasado un buen rato hojeando el libreto. ¡Cómo mola el monstruo éste!

Y esta noche… esta noche mientras mi santa fríe el pescado le pediré unas mallas prestadas, pondré el disco en el equipo de música a toda hostia, y subido en la mesa del salón agitaré la cabeza adelante y atrás como un descosido, pondré voz de mariquita histérico y liberaré el jevi que hay en mí. Can I Play with madness?

Publicado el jueves, 13 de octubre de 2005, a las 18 horas y 53 minutos

«MULTIPLY».JAMIE LIDELL
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Me miro al espejo para tener alguien a quien formularle una pregunta sin respuesta. ¿Debe reinstaurarse la pena de muerte para aquellos que, por doquier, proclaman la negritud vocal del bueno de Jaime Lidell? «Sea», me responde el lindo espejito.

Parece la única forma que ha encontrado la prensa (ejem) musical para describir la última aventura de don Jaime al margen de Super_Collider. Canta el pajarito: «El blanco de alma negra» y ¡zas!, guillotina. Grazna la cotorra: «…para guardar al lado de los discos de la Motown» y gñiec, garrote vil. Pero… se abren los cielos, el sol ilumina un mísero blog y gorjea el ruiseñor: He’s a soul man, parapapa, parapapa…¡ Loado sea the Father in Heaven!

Porque de qué le vale a usted, señora mía, que yo le diga que Lidell se desmarca de la línea de su proyecto Super_Collider, un combo muy cool de la cosa eletrónica hedonista, si no tiene usted ni repajillera idea de qué es eso del supercolajet, y el cul-o, y la madre que lo parió. ¡Diga que sí! No se preocupe usted y siga preparando el puchero y dígale a la niña que vaya a la fená a por el disco ese que anuncian en la intrené, que el chavalín este ha hecho un disco que da gusto oil-lo de lo bueno que suena y las ganas de bailar que da. Qué más da si es negro o blanco, o del color que lo parió su madre. Si pa gustos colores y el soul pa toos.

Yeah…

www.jamielidell.com

Publicado el miércoles, 26 de octubre de 2005, a las 18 horas y 30 minutos

ESTADOS ALTERADOS DE LA CONCIENCIA
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"Riquitiquitiqui" canta el troubador
Como una flor tan gorda que no tiene sabor
Qué rica es la vida y qué rico es el amor
No mates al toro mata al toreador

Yo sí oigo a Donovan
Yo sí oigo a Marc Bolan
Yo sí oigo a Ben Chasny
A Six Organs me gusta a mí

De «The Beatles», tema incluido en «Cripple Crow» de DEVENDRA BANHART (Xl / Beggars US Ada, 2005).

Publicado el jueves, 27 de octubre de 2005, a las 11 horas y 14 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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