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A LA MANO. ¿Cuántas manos habrá estrechado don Felipe de Borbón? Como aún no nos han implantado un chip marcamanos para contar apretones, especulemos sin malicia: ¿varias decenas de miles, o ya cientos de miles? Y, si durante las próximas décadas esta monarquía parlamentaria no se divide en chiringuitos de taifas, ¿cuántas apretará durante el resto de su vida? Quizá varios millones, ¿no?
El jueves pasado, cuando él y doña Letizia vinieron a Burgos, dicen que estrecharon alrededor de mil mientras presidieron la inauguración de la nueva sede de Promecal. Además de este periódico, visitaron la Catedral, y allí saludaron, supongo, a centenares de personas, entre religiosos y autoridades que los acompañaron en el interior y burgaleses y turistas que los vitorearon en el exterior… Y ese mismo día fueron a Pamplona por la tarde, para ver la exposición sobre Sancho el Mayor, y también allá tuvieron que estrechar más manos en unas pocas horas que cualquier ciudadano normal (los políticos no figuran en esta categoría) en un año: cuentan los periódicos navarros que en menos de dos horas saludaron a más de 500 personas.
Durante esa jornada, el Príncipe de Asturias quizá sumó dos mil manos más. Tantas como su princesa, que desde hace un par de años lleva más o menos su ritmo, pero que nunca podrá competir con él: nuestro futuro rey lleva estrechando manos casi desde que aprendió a andar (y pronunciando discursos, y escuchándolos, algo que debe de ser peor, y acudiendo a un acto tras otro, siempre atento, y soportando que sin cesar le contemplen, le escruten y le jaleen). En esta Fiesta del Trabajo, debemos reconocer que ser heredero al trono no es un chollo: ¿saben de alguien que haya comenzado a currar antes que él? Encima, si conserva la salud, quién sabe si no abdicará con ochenta años. Y seguro que incluso entonces continuará ofreciéndonos su mano.
Publicado el lunes, 1 de mayo de 2006, a las 11 horas y 06 minutos
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