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RECUERDO FESTIVO. Empezaban las fiestas. Entre las amas de casa y los adolescentes botelloneros resaltaba una anciana de ochenta y muchos años. Estaba en la zona de los lácteos, apoyada en un bastón, hurgando en el monedero. Había dejado la cesta, semivacía, en el suelo. Tal vez hacía cuentas a fin de saber si le daba sólo para un cartón de leche o para dos… Volví a fijarme en ella algo más tarde, en la cola. Estaba detrás de mí. Una señora con cuarenta kilos más y veinte años menos se había plantado delante de ella: «¿Pero eres tú? ¿De verdad? ¡Cómo has cambiado! ¿Qué te ha pasado?» La anciana, un hilo de voz frente a su atronadora «amiga», respondió que se había caído. La otra no necesitó más explicaciones: «¡Madre mía! ¡Pero cómo te has quedado! ¡Si has caído en picado! ¡En picado!» La cajera hizo una mueca. Quizá a ella, como a mí, le entraron ganas de interrumpir a la impertinente y grosera gritona con un reproche contundente.
Salí cabreado del súper. Camino a casa, imaginé qué podría haber soltado si no me hubiera quedado callado (los tímidos somos ingeniosos y brillantes… pero con retraso, las mejores réplicas se nos ocurren cuando nuestro interlocutor ya se ha largado).
Durante los Sampedros no he dejado de pensar en la anciana. Entre los cánticos de las peñas, entre los estallidos de los fuegos artificiales, entre los alborotos de las barracas y la animación de las casetas, se me ha colado esta imagen: la veo sola, en una casa llena de recuerdos, unas veces pendiente del televisor y otras escarbando en el pasado, en busca de otras fiestas y de tiempos mejores, acompañada de seres que sólo viven en su memoria.
Terminan las fiestas. Le explico a mi niño que mañana no habrá fuegos ni podremos ver cómo bajan las peñas. Como era de esperar, me pregunta: «¿Por qué?» En esta ocasión, como en tantas otras, me cuesta eludir el «porque sí». No sé qué decirle.
Publicado el lunes, 3 de julio de 2006, a las 13 horas y 14 minutos
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CAMPEONES DEL MUNDO. De buena se han librado las fuentes. Menos mal que ayer no sucedió la noticia más importante del año. Y de lo que llevamos de siglo. Ayer podría haber sucedido un hecho extraordinario, sin duda alguna un hito que siempre habría permanecido en nuestras memorias, que jamás habríamos podido ni querido olvidar. Nuestra selección de fútbol podría haber ganado ayer el Mundial de Alemania. ¿Se lo imaginan? Los delfines de la Plaza de España habrían amanecido esta mañana con más resaca y achaques que nunca.
Si hubiéramos jubilado a Zidane el 27 de junio, si nos hubiéramos cepillado a Ronaldinho y compañía el 1 de julio, si hubiésemos eliminado a Figo y sus muchachos el 5 de julio, algo más factible de lo que parece con alguna que otra ayuda arbitral y una pizca de suerte, y si ayer, 9 de julio, hubiéramos batido a las huestes de Buffon, ¿qué habría ocurrido?
Olvidémonos, aunque apenas podamos, del berenjenal en que nos han metido los políticos cuando se han puesto a hablar de realidades nacionales, estados plurinacionales y demás nacionecedades. Por eso, sin malicia, no nos pongamos a especular sobre si se celebraría o no la machada en Hernani, en La Seu d'Urgell o en la barriada ceutí de El Príncipe. Por ahí no van los tiros, esta vez. No se trata de sembrar cizaña. Tampoco nos pongamos a hacer conjeturas acerca del número de personas que festejarían la hazaña alrededor de la Cibeles y de Canaletas. Simplemente, dejemos volar la imaginación: ¿no creen que se habría producido la mayor explosión de alegría de la historia reciente española?
Ahora bien, no sé cómo evaluar ese estallido de alborozo que pudo pasar y no pasó. Se supone que debemos sentirnos conformes en una sociedad sin apenas sobresaltos; pero, sin embargo, en el fondo nos gustaría contar con motivos menos pueriles para montar una jarana descomunal, ¿no?
Publicado el lunes, 10 de julio de 2006, a las 23 horas y 01 minutos
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PETRO MÁRKARIS. En Noticias de la noche: « La primera fase de la vida conyugal corresponde a la alegría de la convivencia. La segunda, a los hijos. La tercera y más importante, a los desquites. Cuando llegas a esta etapa ya puedes relajarte, porque sabes que nada va a cambiar. Los hijos pronto emprenderán su camino y tu volverás a casa después del trabajo sabiendo que allí te espera tu mujer, la cena y los desquites».
Publicado el miércoles, 12 de julio de 2006, a las 10 horas y 49 minutos
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¿?. ¿Qué tiene Burgos que no tengan las demás? ¿Por qué nos atrae? ¿Qué nos repele? ¿Qué deberíamos cambiar? ¿Qué urge reformar? ¿Qué necesitamos?
¿Trabajan para nosotros los políticos que nos merecemos? ¿Tenemos el peso político que nos corresponde? ¿Nuestros votos influyen tanto como los de cualquier otro sitio?
¿Podemos vivir con libertad? ¿Padecemos menos crímenes y delincuencia que en otras ciudades similares? ¿Tenemos más miedo del que deberíamos?
¿Es ésta una buena ciudad para hacer negocios? ¿Cuesta mucho contratar trabajadores capaces? ¿Y lograr trabajos gratos? ¿Apetece comprar aquí? ¿Y vender? ¿Suben demasiado los precios? ¿Hay viviendas dignas al alcance de todos los bolsillos?
¿Es éste un buen lugar para criar hijos? ¿Y para envejecer? ¿Y para salir de marcha? ¿Nos divertimos más aquí que en otros sitios, o menos? ¿Tenemos lugares atractivos para pasear o pasar el rato? ¿Y unas instalaciones deportivas adecuadas? ¿Y unos bares y unos restaurantes tentadores?
¿Contamos con un menú cultural cautivador? ¿Qué tal se lo curran quienes montan conciertos, espectáculos, exposiciones? ¿Podemos sentirnos orgullosos de nuestras calles, de nuestros edificios, de nuestros monumentos, de nuestros museos, de nuestros teatros, de nuestros cines, de nuestras librerías y de nuestros medios de comunicación?
¿Tenemos una universidad, unos colegios y unos maestros competentes? ¿Tenemos suficientes médicos, medicinas y hospitales?
¿Estamos bien comunicados? ¿Tenemos unas infraestructuras convenientes y unos servicios públicos eficaces?
¿Padecemos un clima desolador, grandes desastres naturales, epidemias, plagas o guerras? ¿Tenemos problemas, enemigos o rivales que amenacen nuestro bienestar?
Entonces, ¿qué tal nos va?
¿Deberíamos sonreír un poco más?
Publicado el lunes, 17 de julio de 2006, a las 10 horas y 59 minutos
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PULPA SE ESCRIBE CON UVE. En el súper, una señora a su marido: «No cojas los naturales. Me gustan más los actimeles de naranja, que tienen vulva».
Publicado el martes, 18 de julio de 2006, a las 20 horas y 10 minutos
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NECESITAMOS ALGO. ¿Qué sería de Burgos si aterrizara en esta meseta el jet privado de un Roman Abramovich y convirtiera nuestro club de segunda en un Chelsea de primera? Esta ciudad se llenaría de petrodólares (que servirían para mucho más que para construir un nuevo Plantío) y de esa mezcla de pijerío, derroche y horteradas que los cotillas de la prensa rosa llaman, no siempre con ironía, glamour.
¿Y si a alguien le diera por levantar aquí el edificio más alto o el museo más estrafalario del mundo?
¿Y si a un magnate de la morcilla, o de cualquier otra cosa, le diera por gastarse 120 millones de euros en un cuadro para exponerlo aquí? Así batiría al millonetis Ronald S. Lauder, que al adquirir Adele Bloch-Bauer I, de Gustav Klimt, puede alardear de poseer el cuadro más caro de la historia del arte. También, de paso, nos pondríamos por encima de Nueva York, la ciudad donde se exhibe el retrato del pintor austriaco. Miles, millones de personas vendrían a contemplar el lienzo más “valioso” del mundo, daría igual que fuera de Picasso, de Van Gogh, de Van Nistelrooy o de Marceliano Santamaría; importa la pela, no las pinceladas.
Necesitamos algo. No sé qué, pero esto está demasiado tranquilo. Sobre todo en verano. Va siendo hora de que alguien desvaríe y se saque de la manga un proyecto tan faraónico como mediático, algo que nos ponga definitivamente en el candelero, o en el candelabro, que haga de esta milenaria ciudad un lugar vanguardista y descollante. ¿Qué tal nos vendría, por ejemplo, llamar a Christo (con hache) para que cubra con papel de celofán la Catedral? ¿O construir aquí una playa, una playa de las de verdad, con olas y marea? Porque la de Fuentes Blancas no ha tenido demasiado éxito, ¿no?
Quizá habría que convocar un concurso de ideas. Más que nada, para pasar el rato mientras llegan el aeropuerto, el hospital, el desvío, la circunvalación…
Publicado el martes, 25 de julio de 2006, a las 11 horas y 46 minutos
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SÓLO UNA PREGUNTA. Hablo sin saber, y seguro que me equivoco, como tantas otras veces, pero aun así no puedo dejar de hacerme, de hacer, esta pregunta sobre «uno de los más importantes depredadores de la felicidad humana», según la Wikipedia: ¿puede tentar la depresión, puede llegar a ser atractiva?
Publicado el sábado, 29 de julio de 2006, a las 1 horas y 05 minutos
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CENIEH, MEH, ¿EH?. Por favor, llamen al nombrador. Urgentemente. Aunque ya esté de vacaciones. Y contrátenle mañana mismo. Con un poco de fortuna, no tardará demasiado en alumbrar un buen nombre para el Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, que ha sido presentado en sociedad con las horrendas siglas de CENIEH. De paso, puestos a pedir, díganle que busque un nuevo nombre para el Museo de la Evolución Humana; a pesar de que no suena mal, más vale prevenir y rebautizarlo, porque más pronto que tarde las instituciones y los medios de comunicación lo van a jibarizar: le van a llamar MEH, a secas, un híbrido de mugido y balido que hace daño a los oídos. Si dices «meh» cuatro o cinco veces delante de un espejo se te queda una cara bovina, ovina; y mejor no hacemos la prueba repitiendo «cenieh»: puede provocar diarreas mentales.
Las siglas y los acrónimos triunfan. Basta con acordarse de la UE, los EEUU, la ONU y la OTAN, tan poderosos. Pero en el mundo del arte, en teoría rebosante de creatividad, chirrían bastante. En España, entre otros museos y centros vanguardistas nos encontramos, sin olvidar al CAB burgalés, con el IVAM de Valencia, que parece un impuesto, el DA2 de Salamanca, el CCCB de Barcelona, el CGAC de Santiago de Compostela, el CAC de Málaga, el CAAM de Gran Canaria, el MEIAC de Badajoz, el NMAC de Cádiz y el MACUF de La Coruña. El MOMA, de Nueva York, mola, ¿pero el resto?
El resto necesita al nombrador. Como el CENIEH y el MEH. Están pidiendo a gritos a un profesional que realiza una labor tan original como necesaria. Desde hace 14 años, el poeta Fernando Beltrán se gana la vida nombrando marcas, lugares, productos, lo que sea. Entre sus hijos figuran la compañía telefónica Amena, el centro cultural La Casa Encendida, la cadena de tiendas Opencor, la editorial Suma de Letras y el parque Faunia. Su empresa se llama, cómo no, El Nombre de las Cosas.
Publicado el lunes, 31 de julio de 2006, a las 12 horas y 46 minutos
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