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ENTIERRO EN TRES ACTOS. Cuatro hombres portan el féretro de un amigo. Todos visten levita y sombrero de copa.
Detrás, un león les sigue a corta distancia. El león no es un carroñero así que debe ser un deudo del difunto.
Los cuatro hombres caminan marcando una especie de paso de baile y van muy pendientes de no perder el ritmo.
Anochece.
El hombre ha sido enterrado. Al pie de la tumba, el león vela las primeras horas de ese sueño eterno. Permanece inmóvil con la luna y algunos murciélagos como testigos, hasta el amanecer. Después se interna en la niebla y desaparece dejando para el muerto el tributo de la vigilia.
El león desaparece antes de saber si se trataba realmente de un león. Al soñar con él, se presenta como el animal de la sabana y cuando trato de recordarlo es un hombre con traje blanco, como un cónsul francés en Centroamérica que camina despacio, como arde el tabaco.
Un hombre sofisticado que sabe enterrar a un amigo.

Publicado el sábado, 15 de enero de 2005, a las 10 horas y 03 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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