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UN BOSQUE. Los elementos del paisaje exigían una compleja y contradictoria geografía mental. El entorno, tan rico en detalles,no permitía más que una conciencia parcial del mismo. Cada árbol, cada planta, cada piedra, se resistía tenazmente a ocupar un lugar en la memoria. Rehuían de tal modo el orden, que la más tupida red cartesiana resultaba endeble para contener su rebeldía natural. Toda persona capaz de moverse con soltura por aquel lugar, había tenido que abandonar a lo largo de sus veredas buena parte de la razón.
A partir de una frontera indefinida, que nadie sabía señalar en un mapa-por otra parte incompleto-uno empezaba a sospechar que estaba perdido.
La idea del bosque y la razón antagónicos aunque simultáneos, sugería un desenlace último e inevitable de destrucción mutua.
Nadie sabe explicar como esos dos enemigos lograban convivir, a modo de tregua, en la mente de todos aquellos que se acercaban por allí.
Publicado el jueves, 27 de enero de 2005, a las 13 horas y 29 minutos
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