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LA DICTADURA DE LOS OBJETOS. Las cosas mandan. Por mucho que crezca el poder y la tecnología de los humanos, al final somos rehenes de nuestro cuerpo, más bien de sus medidas. Los móviles podrían ser mucho más pequeños, pero estos malditos dedos simiescos no dejan que los teclados sigan menguando.
Ya me pasó antes en el trabajo, en uno de los trabajos, y ahora ha sido en mi casa. Estamos de obras en el cuarto de baño (completo, lavabo + water + bañera + bidet), y nos hemos visto obligados a usar el aseo pequeño (mínimo, lavabo + water). Y cuando digo pequeño es pequeño. Si quiero entrar, antes tengo que salir.
Y cuando ya había logrado entrar, había preparado el trono, y empezaba a relajarme, el objeto, el dictador, el water, tomó las riendas:
- O cagas o meas, pero las dos cosas a la vez no vas a poder hacerlas, forastero.
Malditos wateres estrechos...
[Cámara 3, vista cenital, la cámara se aleja lentamente, no hay sonido. El protagonista descubre que está perdido, le vemos gritar desgarradoramente, pero no lo oímos. La cámara asciende hasta que el habitáculo ocupa 1/5 del ancho de la pantalla, el grito continúa, fundido a negro.]
Publicado el domingo, 27 de agosto de 2006, a las 0 horas y 51 minutos
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