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LAS MEJORES PELÍCULAS DE 2005 (2). El cine europeo de 2005 se ha caracterizado por la relativa ausencia de estrenos de autores consagrados. Así, habrá que esperar a que avance 2006 para poder ver las nuevas películas de Lars Von Trier, Pedro Almodóvar o Michael Haneke, entre otros. Sin embargo, con cuentagotas y con considerable retraso, han aparecido por las carteleras algunas propuestas que han contribuido a mostrar la riqueza de una cinematografía que cada vez ensancha más sus opciones estéticas y su mirada social. En 2005 hemos contemplado inesperados éxitos de taquilla (Un toque de canela, de Tassos Boulmetis; Monsieur Batignole, de Gérard Jugnot; Las muñecas rusas, de Cédric Klapisch; Vodka Lemon, de Hiner Saleem); filmes sugerentes, aunque no del todo conseguidos (Brothers, de Susanne Bier; Tierra de abundancia, de Wim Wenders); películas fallidas de realizadores interesantes (5x2, de François Ozon; Fugitivos, de André Techiné;), y hasta algún batacazo incomprensiblemente aclamado por la crítica (El niño, quizá la peor película de los hermanos Dardenne). También es cierto que los azares de la distribución han privado a este cronista de la posibilidad de disfrutar de algunos filmes a priori atractivos, como El hundimiento, de Oliver Hirschbiegel; Las llaves de la casa, de Gianni Amelio; Nuestra música, de Jean Luc Godard, o La pesadilla de Darwin, el falso documental de Hubert Sauper. Sin embargo, 2005 ha dejado un buen puñado de cintas europeas interesantes, que destacamos a continuación:

1. Eleni (Grecia), de Theo Angelopoulos. La nueva película del veterano Angelopoulos se presenta como la primera parte de una trilogía que pretende abarcar buena parte de la historia reciente, desde los sucesos inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial hasta la caída de las Torres Gemelas. No obstante, para su peculiar revisitación del pasado, Angelopoulos sacrifica el aliento épico en aras de una mirada intimista. Menos distanciada y hermética que las películas que le dieron renombre, Eleni es la entrega más reciente de un director a veces discutible y difícil, pero siempre hondamente personal. Su última pieza ha sido una de las pocas obras maestras de 2005.

2. Buenos días, noche (Italia), de Marco Bellocchio. Esta curiosa revisión del cine político italiano destaca por prescindir de los códigos habituales en el celuloide de vocación realista. De este modo, el secuestro y asesinato de Aldo Moro se plasman en un relato que participa de un tamizado onirismo, una recreación histórica de tonalidad pop y hasta ciertos apuntes de cariz intimista. Una inesperada y sobresaliente vuelta de tuerca a los cánones del cine social.

3. Código 46 (Reino Unido), de Michael Winterbottom. El posmoderno Winterbottom crea una fantasía futurista cuyo correlato con el presente resulta indiscutible. Más que a un filme de ciencia-ficción, el espectador asiste a una parábola que tiene como trasfondo los grandes movimientos migratorios actuales. El realizador inglés se vale de una envolvente atmósfera estética, una fotografía que recuerda a algunos momentos del cine de Wong Kar Wai, una lectura social cercana al Fahrenheit de Ray Bradbury y una solvente interpretación de Tim Robbins y Samantha Morton. Una de las mejores distopías de los últimos tiempos.

4. (ex aequo) Agente secreto, de Eric Rohmer, y demonlover, de Olivier Assayas (Francia). He aquí dos películas francesas que ofrecen perspectivas contrapuestas sobre el tema del espionaje. Mientras que el veteranísimo Rohmer rueda un filme sobrio y de claro sustrato teatral, que a veces peca de una excesiva aridez, el joven Assayas opta por un sofisticado y brillante thriller que, sin embargo, en ocasiones corre el riesgo de perderse entre sus múltiples meandros argumentales. Dos películas tan irregulares como fascinantes.

5 (ex aequo). La vida es un milagro, de Emir Kusturica (Serbia-Montenegro-Francia), de Emir Kusturica, y Contra la pared (Turquía), de Faith Akin. De nuevo nos encontramos ante dos miradas distintas a la reciente historia europea. La jovialidad, el ritmo endiablado y los memorables gags cómicos de Kusturica, aquí menos inspirado que en la magistral Gato negro, gato blanco, se enfrentan a la aspereza formal y a la soterrada violencia de Contra la pared. No obstante, en ambos filmes se escucha el latido de una rara esperanza.

Pero, además, 2005 ha dejado otros muchos tonos, secuencias y momentos dignos de tener en cuenta: la sobriedad compositiva de El secreto de Vera Drake (Reino Unido), de Mike Leigh; la valentía temática de Paradise Now (Holanda-Palestina-Alemania-Francia), de Hany Abu-Assad; la truculenta sorpresa final de La dama de honor (Francia), de Claude Chabrol; los trucos estéticos de Largo domingo de noviazgo (Francia), de Jean Pierre Jeunet; la ambientación pictórica de El mercader de Venecia (Italia-Reino Unido-Luxemburgo), de Michael Radford, y los divertidísimos números musicales de Bodas y prejuicios (Reino Unido), de Gurinder Chadha.


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Publicado el sábado, 7 de enero de 2006, a las 13 horas y 33 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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