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FLORES. Voy a matar dos pájaros de un tiro, me dije el otro día. Primero le regalo una docena de rosas al amor de mi vida y quedo como un señor. Al día siguiente robo unas cuantas del jarrón y las amortizo antes de que se marchiten: preparo una ensalada floral, o me atrevo con algo más innovador, por ejemplo un crujiente de pétalos o una espuma de capullos, todo es ponerse.

Pero me entró la duda. ¿De dónde saco rosas comestibles? En el Parque Virgen del Manzano ya tenemos unos rosales magníficos, como bien saben quienes llevamos a los niños a los columpios... o quienes pasean a sus perros. Debo decir que no me llevé unas cuantas ramas por cumplir con las más elementales normas de urbanidad, en vez de porque me diera repelús suponer que algún chucho podía haber marcado allí su territorio, o porque acabara pensando que quizá los jardineros municipales se ven obligados a recurrir a pesticidas o a otro tipo de productos para que sobrevivan allí.

Tal vez en una floristería me habrían asesorado, y me habrían vendido unas rosas sin sustancias químicas, pero abandoné del todo la idea al leer que los cocineros sólo emplean flores cultivadas para uso alimentario.

En el supermercado no había flores de cebollino ni mermelada de claveles, así que comencé a llenar la cesta como un día cualquiera. Pero, ¡sorpresa!, en la sección de refrigerados, entre el maremágnum de yogures cremosos, griegos, desnatados, sin grasa, con trozos de fruta, con fermentos activos, con efectos probióticos, con vitaminas esenciales,... brillaban con luz propia unos con pulpa de fresa y, atención, un toque de sabor a... ¡rosa!

Los compré. Metí un par en los bibes de la merienda pero el churumbel no notó el cambio. Los otros dos tampoco me supieron a perfume. En fin, la idea de las flores pasó sin pena ni gloria. Como la muestra que, durante los últimos diez días y por 244.000 euros, ha hecho de Burgos, según dicen, la meca floral.

Publicado el lunes, 5 de junio de 2006, a las 10 horas y 44 minutos

SERGUEY DOVLÁTOV. En El compromiso: «Tengo treinta y cuatro años y nunca he vivido un solo día de despreocupación. No me importaría pasar uno sin preocupaciones, insatisfacciones ni deseos».

Publicado el miércoles, 7 de junio de 2006, a las 20 horas y 18 minutos

DE MARCHA. ¿Por qué los deportes interesan tanto? Dejemos la pregunta en el aire, más que nada porque para intentar responderla con seriedad habría que celebrar un simposio internacional con intelectuales, sociólogos, psicólogos... y tal vez así sólo se alumbraría un debate tan aburrido como estéril. Tampoco merece la pena tratar de responder esta otra: ¿por qué tan pocas cosas atraen tanto como los deportes?

Estos días cuesta no hablar del Mundial, de los primeros partidos, del posible once contra Ucrania o del peso de Ronaldo. También cuesta no prestar atención a Fernando Alonso y Rafa Nadal, las nuevas estrellas. Ya puestos, hasta viviendo en una ciudad sin equipos en las ligas más seguidas (¿se imaginan qué pasaría si tuviéramos un Villarreal, un TAU Baskonia, un Portland San Antonio?), a veces resulta complicado no estar pendiente del Burgos Club de Fútbol, del Autocid Ford de baloncesto o del Diego Porcelos de voleibol.

Sin embargo, no siempre caemos en la cuenta de que el deporte no sólo se practica sudando en el salón, desayunando con el Marca o tratando de vencer a un rival en una pachanga. El Diccionario de la Real Academia ofrece dos definiciones de la palabra deporte. Hoy (y ayer, el día en que se celebró, un año más, la Marcha Aspanias) nos interesa la segunda: «Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre». En La Almena, el periódico de Aspanias, han llegado a una conclusión similar, porque indican que la Marcha no es una competición, sino «una propuesta para pasar un día de ocio en un ambiente amistoso, alegre y deportivo».

Los miles de burgaleses que anduvieron o pedalearon desde el Espolón hasta Fuentes Blancas puede estar orgullosos: participaron en una actividad tan deportiva como un partido del Mundial, la final de Roland Garros o una carrera de Fórmula Uno. Y más útil.

Publicado el lunes, 12 de junio de 2006, a las 10 horas y 37 minutos

LA REVOLUCIÓN DE LOS BLOGS. A veces me preguntan, ¿pero qué es un blog? A menudo salgo por la tangente, digo que es un cajón de sastre y me quedo tan ancho. En alguna ocasión explico, más mal que bien, para qué me sirve esta herramienta: para mí un blog es una especie de diario, donde escribo algunas de las cosas que me rondan por la cabeza (con menos frecuencia de la que quisiera). Pero puede ser más cosas. Cambiemos una letra y digamos que un blog es un bloc, unos folios en blanco donde podemos escribir sobre cualquier cosa y donde vamos mostrando a quienes nos visitan los (casi siempre escasos) frutos de nuestro talento. En fin, nadie mejor que José Luis Orihuela (maestro por partida doble: bloguero y universitario; el milenio pasado me dio clases de guión) puede explicar de qué va esto, como bien saben los lectores de su eCuaderno, y como van a poder comprobar quienes lean su nuevo libro, La revolución de los blogs (La Esfera).

Publicado el martes, 13 de junio de 2006, a las 11 horas y 00 minutos

PALABRAS Y GOLES. Palabras comunes. Palabras corrientes, sin mayúsculas, de uso cotidiano. Palabras de ayer y hoy, y de siempre. Zuri (blanco), urdin (azul), gori (rojo), edan (beber), ian (comer), lo (dormir). Son palabras halladas en el yacimiento alavés de Iruña-Veleia (un asentamiento romano que llegó a contar con 5.000 habitantes, hace 1.700 años). Dicen que son las primeras palabras comunes escritas en euskera. Cuentan que fueron inscritas en ladrillos, cristales y huesos quizá en el siglo quinto después de Cristo, aunque, hasta que se conozcan los resultados de las pruebas del carbono 14, las datan por el momento entre los siglos tercero y sexto.

Palabras comunes, pero que no importan demasiado en estas tierras tal vez porque han aparecido en otra autonomía y en otra lengua. Las fronteras siempre separan. Fueron escritas sólo a ciento y poco kilómetros de la ciudad de Burgos, muy cerca de Miranda de Ebro, de Santa Gadea del Cid, del Condado de Treviño, pero en otra provincia (digo provincia, como antes dije autonomía, sabiendo que uso términos quizá sólo en apariencia asépticos, correctos: casi todas las palabras pueden ir cargadas de significados políticos).

Si las palabras de Iruña-Veleia procedieran de Atapuerca, o si fueran las primeras aparecidas en español, nos tendrían convulsionados por el hallazgo, andarían a la altura del antecessor o de los cráneos de la Sima de los Huesos.

Con estas palabras, tan modestas, ocurre como con otras muchas cosas: nos importan sólo cuando son nuestras, cuando las hacemos nuestras. Pongamos un ejemplo futbolero, ahora que el Mundial de Alemania todo lo invade: sólo cantamos los goles de los nuestros. Pero esta noche, cuando once españoles peguen patadas a un balón en Stuttgart con once tunecinos, no todos los aficionados al fútbol con pasaporte español sentirán que está jugando su equipo. Y eso es lo hay. Eso es lo que somos.

Publicado el lunes, 19 de junio de 2006, a las 11 horas y 04 minutos

CARPETA VACÍA. Con cara de canelo, como diría quien yo me sé. Conecto el móvil al ordenador y me voy a la cocina mientras se sincronizan las carpetas. Vuelvo y descubro que han desaparecido las imágenes del teléfono, las fotos que hice el sábado pasado, en una boda, y todas las anteriores. Las busco y las rebusco en las carpetas del ordenador, pero no las encuentro. No aparecen por ninguna parte. Aunque conservo copias de las anteriores a la boda (entre otras, ésta de la despedida), eso no impide que me sienta estúpido. ¿Dónde estarán?

P.D.: Falsa alarma. Echo un ojo al aparato y descubro que la tarjeta de memoria no estaba ajustada. Las fotos "resucitan". Mi impericia sigue intacta, eso sí.

Publicado el miércoles, 21 de junio de 2006, a las 17 horas y 02 minutos

BURGALESES DE BIEN. Saqué el colmillo cuando cogí el programa de fiestas. Lo reconozco. A ver si puedo repartir más collejas que Amparo Baró en sus tiempos de Siete Vidas, pensé al volver a casa. Pero, después de una siesta ante la tele, se me contagió la apatía del España-Arabia, el rimo cansino de una tarde de bochorno con los deberes hechos. Si pudiera escribir estas líneas después del partido contra Francia, ganemos o perdamos, me saldría algo más contundente.

Las 64 páginas del programa de los Sampedros me dejaron sin argumentos, empachado de información. Buen trabajo. Además, mundializado como estoy, me encontré con más ganas de discutir sobre el equipo titular de Luis Aragonés que acerca de si falta el Juli o sobra Manu Tenorio.

No me quedaba más opción que hincar el diente al saludo del alcalde. Desenvainé un rotulador rojo, dispuesto a cazar un gazapo, un desliz, cualquier cosa que diera juego.

Primero me fijé en la foto. Con el Espolón y el Arco de Santa María de fondo, Juan Carlos Aparicio aparece, sonriente y veraniego, con una camisa en la que figura el logo de Tommy Hilfiger; pero no le di importancia, a veces vamos haciendo publicidad sin darnos cuenta, incluso a quienes no nos mola pagar de más por lucir un cocodrilo o un jugador de polo. Seguro que cuando retocaron la imagen ni se dieron cuenta, lo habrían borrado.

Leí el texto. Dos veces. La primera, no subrayé nada. Al releerlo sólo me chocó una frase. A cuento de la reina y sus damas, comentaba: «Serán protagonistas, junto a cientos de jóvenes burgaleses en la ofrenda floral a Santa María la Mayor en esa mañana tan emotiva para todos los burgaleses de bien, en la que el cariño y la emoción se entremezclan expresando el sentir común de todo un pueblo». No me extrañó que faltara una coma, también me las como yo de vez en cuando, sino que hablara de «burgaleses de bien». ¿Acaso hay burgaleses de mal?

Publicado el lunes, 26 de junio de 2006, a las 11 horas y 58 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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