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DORA (VII). Su pelo, inflado como un globo en una época en que todas eran rubias de bote, destacaba como una farola en el bosque, pero nunca pareció tan natural como el rubio de Taluchi; una mujerona que conocí también por aquellos años en cuyo cuerpo estallaban todos los productos que se podían comprar en su droguería. Taluchi era el mejor escaparate, el mejor reclamo para la clientela, un árbol de navidad en una noche de verano. Las pocas veces que entré en su tienda salí mareado, no sé si por el vapor de sus perfumes o por los collares de perlas que le desaparecían por el canalillo. Pero otro día hablaré de ella.
El pelo de Dora era rubio natural, pero no lo parecía. Como tantas otras cosas que ella era y tantas otras cosas que ella no era y sin embargo parecía.

Seguía con su historia. En el momento de mayor éxito se casó con el payaso del circo, que es con quien se casan las bailarinas cuando creen que viven dentro de un folletín, y el payaso, claro está, fracasó.

El hombre era una de las figuras principales del cartel y la fortuna como artista no le era desconocida, pero salir de la iglesia con los últimos toques de la marcha nupcial y perder la gracia fue todo uno. La sonrisa bobalicona que exhibía bajo los focos y que tanto les gustaba a los niños salió volando de la pista como un pájaro ciego. Abandonó su cara policromada y se instaló en su cara doméstica, su cara real, la de todos los días por la mañana.
A partir de ahí cayó en picado. Error de cálculo, falta de previsión, incapacidad para anticiparse, es decir, la idiotez en general le había impedido ver que la felicidad a bordo del carromato no iba a compensar el fracaso profesional.
Empezó jugar y a beber, que es lo que hace todo payaso sin gracia que cree que vive dentro de un folletín. No le daba tiempo a recuperarse y cierto día en mitad de la función matinal, harto de los abucheos, se y irguió buscando la dignidad que le negaba el atuendo, sacó la polla del interior de unos holgados pantalones rojos y vocalizando lo mejor que pudo mientras combatía la resaca ,les gritó a los niños:

-¡Me la vais a chupar todos de uno en uno, cacho cabrones!
-¡Vosotros y la puta madre que os cagó!

Los niños se desternillaban de risa porque no entendían nada de lo que estaba sucediendo, pero él perdió el empleo.

Publicado el miércoles, 7 de febrero de 2007, a las 22 horas y 06 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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