ATENCIÓN, PREGUNTA. ¿Qué tienes si cruzas un guardia civil con un cura?
Ratzinger Z.
Es malo de cojones, lo sé, pero esto es sólo el principio. La imagen del papa con el tricornio puesto seguro que acaba trayendo cola, y seguro que acaba alimentando el chistario popular (por favor, que venga el espíritu de
Lázaro Carreter y me ilumine: ¿cuál es el equivalente de “refranero” para los chistes?).
Un gran cómico de nuestros días, también un gran incomprendido, ya ha comenzado.
José Bono, el ministro de peluche, ha explicado con ese verbo fluido que le caracteriza su versión de los hechos. O al menos lo ha intentado, porque como cada vez son más sus meteduras de pata, el hombre tiene la confianza minada. Los telediarios ya le ponen en los minutos de la basura de antes o de después de los deportes, entre los concursos caninos y las ferias
trekkies, llenas de personajes variopintos. Y él con ellos.
El caso es que un papa con tricornio hace que pierda todas mis esperanzas. Es algo así como si Supermán no fuera alérgico a la kriptonita, o como si el jefe de
Spectre no contara sus planes a James Bond. ¿Quién podrá pararlo?