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ESQUIZOFRENIA. Imaginemos un panorama político polarizado, con dos partidos mayoritarios, y algunos complementos menores orbitando alrededor.
Los dos partidos políticos querrán atraer clientela, así que las reglas del juego incluirán dos pautas fundamentales: llevar la contra y nunca reconocer los méritos del rival. El progreso será difícil, porque la equilibrada balanza propia de la polarización hará que los partidos se alternen aproximadamente cada ocho años, y las reglas fundamentales harán que un partido al llegar al poder destruya lo positivo que haya hecho el otro (generalmente poco, porque llevar la contra y no reconocer los méritos del rival, consumen demasiada energía y dejan poco margen de maniobra).
Firmeza, homogeneidad, espíritu de equipo, jerarquía, serán características deseables para el partido. Si también son deseables un comportamiento democrático y una sana discrepancia interna, empieza la esquizofrenia. Mientras esas cosas no se salgan de madre, todo rá bien
Si por alguna casualidad resulta que el partido en el gobierno aprueba una ley, por ejemplo, que regula el matrimonio homosexual, de acuerdo a las reglas básicas el otro partido deberá oponerse. Pero claro, puede que dentro de su seno haya personas que gocen de la misma sana esquizofrenia que impregna todo el sistema, y que sean homosexuales, y además ejerzan su recién adquirido derecho a casarse. El brote esquizofrénico empieza a ser serio. Y empiezan los malabarismos.
Porque aunque parezca mentira, hay personas capaces de aguantar varias mentiras a la vez, mezcladas con medias verdades a veces, sin que se les note en absoluto. Si eres medianamente bueno en esto, te haces jugador de póker. Si eres realmente bueno, te haces político, que se gana más dinero.
Yo hace tiempo que quiero huir lejos de las mentiras polarizantes, pero tengo miedo de caer en las brasas...
Publicado el miércoles, 12 de abril de 2006, a las 0 horas y 06 minutos
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