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ENCUENTRO FUGAZ.. Tenía que comprar para comer, así que fui al super. Para llegar he de cruzar la avenida Maisonnave. Es lo que en los telediarios cuando tienen que nombrar algo similar en alguna ciudad, lo llaman arteria comercial de la ciudad.
Esquivando a la numerosa multitud, llegué hasta el semáforo, y entre las dos opciones que tenía, la de esperar o la de ser atropellado, elegí la primera.
Sorprendido, veo cómo un señor, que me resultaba conocido, aprieta a correr en dirección a mí, pero desde la otra acera. Cuando ya estaba a punto de advertirle del peligro que corría, el semáforo se puso verde peatón, y el señor al verlo, paró en seco.
Mientras cruzaba, extrañado por el comportamiento del hombre, ya mayor, con rostro avejentado por el sufrimiento y las decepciones, tirando a redondo, de poblada barba bulbosa, logré recordar de qué lo conocía. Era Marx, Karl Marx.
Nervioso, mitad por encontrarme ante un personaje vital en la historia de la humanidad, mitad por el hecho de estar viendo a un fantasma, mitad curioso por su proceder frente al semáforo, me decidí a abordarle:
- Señor Marx, ¿porqué no cruza?
Marx me miró con ojos tristes, y me respondió lo obvio:
- Yo es que prefiero esperar a que el hombre se vuelva rojo.
Sin saber qué responder, continué mi camino hacia el súper.
Publicado el martes, 4 de abril de 2006, a las 0 horas y 34 minutos
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