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CRÓNICAS DE NY (III). Entramos a un restaurante de Little Italy. Un amigo de Robert de Niro, o de Joe Pesci, o de Ray Liotta, nos ha captado en la puerta. Hemos rechazado a todos los demás reclamos de la calle Mulberry, el corazón de esta pequeña Italia en Nueva York.
El captador nos pasa al maitre, que hace honor a su cargo. Traje, con corbata pero sin chaqueta, elegante pero cercano, peinado canoso impecable, detalles en oro múltiples, sonrisa y pequeña reverencia. Nos pregunta cuántos y nos ofrece sus mejores sitios para que elijamos, o al menos es lo que nos transmite.
Nos sentamos, viene un camarero y nos sirve agua, viene otro y nos pregunta qué queremos beber (el agua se daba por supuesta), y un tercero nos trae pan y mantequilla. Servicio multitudinario y diligente, que por algo acabas pagando un veinte por ciento de la cuenta de propinas.
Vuelve el maitre y nos recita las especialidades y ofertas del día. Nos cuesta comunicarnos con él, nuestro inglés (el mío y el de mi señora) sólo es más fluido que nuestro ruso o nuestro arameo, pero poco más. Intentamos preguntar por alguno de los platos. El maitre sigue. Y de repente, entre muchos "chicken" y algun "veal", se le escapa un "everitin".
Tal como suena: everitín. Nos miramos sorprendidos, y le digo al impecable: ¿habla usted español?
Su respuesta: "¡Cómo no! ¡Nací en España!". El mismísimo Tejero habría estado orgulloso de su manera de pronunciar España. Acabamos de pedir, con mucha más calma y seguridad, y el impecable se va a repetir su discurso del día a los comensales que han entrado tras nosotros, everitín incluido.
Pero la magia ya estaba hecha. El camarero del agua volvió a rellenar, y de paso nos preguntó, en perfecto castellano, de qué parte de España éramos; el de la mantequilla nos sirve los platos y nos desea "buen provecho", y el de los refrescos desde lejos nos dice si "deseamos alguna cosa más". Todos se han transformado.
Todos, salvo el de la puerta, que grita a voces a alguien "Signorina! Com jier!". Uno de los nuestros siempre será uno de los nuestros.
Publicado el martes, 21 de febrero de 2006, a las 13 horas y 14 minutos
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