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MADRE NOCHE (II). DESTACAMENTO ESPECIAL. El guardia que releva a Arnold Marx cade mediodía debe de tener mi edad, cuarenta y ocho años. Aunque no le gusta, él sí recuerda la guerra muy bien.

Su nombre es Andor Gutman. Andor es un judío estoniano, soñoliento y no muy inteligente. Pasó dos años en Auschwitz. Según su propio desganado relato, allí estuvo en un tris de convertirse en el humo de la chimenea de un crematorio.

- Me habían asignado al
Sonderkommando cuando llegó la orden de Himmler de clausurar los hornos.

Sonderkommando significa destacamento especial. En Auschwitz significaba, por cierto, un destacamento muy especial: estaba compuesto por prisioneros cuyos deberes consistían en conducir a los condenados a las cámaras de gas y luego arrastrar sus cadáveres hacia fuera. Una vez finalizada la tarea, también liquidaban a los miembros del Sonderkommando anterior.

Gutman me contó que, de hecho, muchos se presentaban por voluntad propia al
Sonderkommando.

- ¿Por qué? - pregunté

- Si usted escribiese un libro sobre el asunto y encontrase una respuesta a esa pregunta, a ese porqué, escribiría un libro excelente.

- ¿Usted sabe la respuesta?

- No - contestó mirándome fijamente a los ojos -. aunque yo fui uno de los que se ofrecieron como voluntarios.

Se marchó tras habérmelo confesado. Y pensó en Auschwitz; en lo que menos le gustaba pensar. Cuando regresó me dijo:

- Había altavoces en todo el campo y nunca permanecían en silencio durante mucho tiempo. Emitían bastante música por ellos. Los que sabían de música me decían que a menudo era buena música; a veces, de la mejor.

- Parece interesante.

- Música no compuesta por judíos, desde luego: eso estaba prohibido.

- Naturalmente - contesté.

- Y la música siempre se interrumpía en la mitad y luego se oía un anuncio. Durante todo el día, música y anuncios.

- Muy moderno.

Cerró los ojos, intentando recordar.

- Había un anuncio que siempre transmitían canturreándolo como una melodía infantil. Nos llegaba muchas veces al día. Era la llamada al
Sonderkommando.

- Oh.

-
Leichenträger zu Wache - canturreó con los ojos todavía entrecerrados.

Traducción: "Los transportadores de cadáveres al cuarto de guardia". En una institución cuyo propósito era eliminar a seres humanos por millones, se explica la frecuencia de la llamada.

- Después de dos años de oir ese canturreo por los altavoces, siempre surgiendo de entre la música, el puesto de portacadáveres acabó sonando como un buen trabajo.

- Entiendo - dije.

- ¿Puede entenderlo? - meneó la cabeza -. Yo no. Yo siempre me avergonzaré. ¡Voluntario del
Sonderkommando!... Fue una vergüenza hacer algo así.

- No lo creo.

- Yo sí. Vergonzoso. No quiero volver a hablar de eso jamás.





Madre noche, Kurt Vonnegut.

Publicado el domingo, 31 de diciembre de 2006, a las 1 horas y 46 minutos

MADRE NOCHE (I). INTRODUCCIÓN. Este es el único de mis relatos cuya moraleja conozco. No creo que sea una moraleja extraordinaria. Sólo que en esta ocasión sé cuál es: somos lo que aparentamos ser, así que debemos tener cuidado con lo que aparentamos ser.
[...]
Poco después estalló la guerra. Tomé parte en ella y me hicieron prisionero. Por consiguiente, tuve ocasión de ver algo de Alemania, desde dentro, mientras la lucha proseguía. Como era soldado raso tuve que trabajar para subsistir, de acuerdo con los términos de la Convención de Ginebra. Lo cual, bien mirado, me hizo más bien que mal. [...] Tuve oportunidad de viajar a una ciudad, Dresde, y de observar a su gente y lo que hacían.

Nuestro grupo particular de trabajo contaba con unos cien hombres, y nos emplearon en una fábrica, como asalariados. [...] Y la ciudad era hermosa, ornamentada en extremo, como París, y respetada por la guerra. Se suponía que era una ciudad "abierta", es decir, una ciudad que no podían atacar porque no mantenía industrias bélicas ni concentraciones de tropas.

Pero en la noche del 13 de febrero de 1945, aviones norteamericanos y británicos arrojaron explosivos de alto poder sobre Dresde. En el momento en que escribo esto han transcurrido unos veintiún años años desde aquel bombardeo. Las bombas no perseguían objetivos concretos. Se esperaba crear con ellas un enorme incendio que obligara a los bomberos de la ciudad a guarecerse en los refugios subterráneos.

Y con esa idea se arrojaron cientos de miles de bombas incendiarias, como semillas esparcidas sobre la tierra recién arada, sobre todo lo que era combustible. Después se arrojaron más bombas para mantener a los bomberos en sus agujeros, y todos los focos de incendio crecieron, se unieron, se convirtieron en una gigantesca llamarada apocalíptica. ¡Imaginen ustedes! Una tempestad de fuego. Entre paréntesis, fue la matanza más grande de la historia europea. ¿Y qué hay con eso?
[...]
La fábrica de jarabe malteado había desaparecido. Había desaparecido todo, excepto los refugios antiaéreos, donde 135.000 Hánseles y Grételes habían quedado horneados como bizcochos de jengibre. Nos asignaron la tarea de mineros de cadáveres, con la misión de romper los refugios y extraer los cuerpos. Y pude ver entonces muchos tipos de alemanes, de todas las edades, tal como los había sorprendido la muerte; por lo general con objetos de valor en el regazo. A veces los familiares de las víctimas se acercaban a contemplar nuestras excavaciones. También ellos resultaban interesantes.

Bien. Es suficiente en cuanto a los nazis y a mí.

Si hubiese nacido en Alemania, supongo que habría sido nazi, habría liquidado a judíos y gitanos y polacos, habría dejado botas sobresaliendo en montículos de nieve y me habría reconfortado con mis propias entrañas, secretamente virtuosas. Así suele suceder.

Pero hay otra clara moraleja en este cuento, ahora que lo pienso: cuando uno está muerto, está muerto.

Y todavía se me ocurre una tercera moraleja: hagan el amor cuando puedan. Les sentará muy bien.




Madre noche, Kurt Vonnegut.

Publicado el viernes, 29 de diciembre de 2006, a las 13 horas y 02 minutos

KOJAK. Lo comprabas, y salías del kiosco corriendo. Sonreías como sólo un niño es capaz de sonreir por un sencillo caramelo. Pero para tí no era sencillo; para tí era algo más. Era no tener que decidir, era poder tenerlo todo. Era caramelo, pero también chicle.

Te peleabas con el envoltorio, y antes de saborearlo lo mirabas. Te gustaba ponerlo entre la luz y tú. El caramelo se hacía traslúcido, y veías.

Veías las pompitas perdidas en el cristal, veías las resquebrajaduras, el caramelo cuarteado, las fisuras. Y allá lejos, la bola de chicle.

Veías un universo completo.

Veías el futuro, tu próximo cuarto de hora.

Veías el sabor y el placer. Lo veías todo.


Y la sonrisa seguía ahí.









* Escrito para Crystalzoo, como parte del ,Concurso para el Centro cultural La Yesera, San Vicent del Raspeig, Alicante.

Publicado el martes, 26 de diciembre de 2006, a las 11 horas y 00 minutos

SILENCIOFÓBICO. .
A través del suelo alguien está berreando la letra de una canción. Esa gente que necesita que su televisor o su radio o su equipo de música estén encendidos a todas horas. Esa gente a quien le aterra el silencio. Esos son mis vecinos. Esos ruidoadictos. Esos silenciofóbicos.
[...]
Uno sube la música para tapar el ruido. Los demás suben su música para tapar la tuya. Tú vuelves a subir la tuya. Todo el mundo se compra un equipo de música más grande. Es la carrera armamentística del sonido. No se gana con muchos agudos.

No se trata de calidad. Se trata de volumen.

No se trata de música. Se trata de ganar.



Nana, Chuck Palahniuk.













P.D: ¿Os he dicho que me he comprado un iPod?

Publicado el lunes, 25 de diciembre de 2006, a las 11 horas y 29 minutos

LA NOVELA. .
De todas maneras, en esta época uno se vuelve a ver poco. [...] Desde luego uno intercambia números de teléfono, pero en general se acuerda poco del otro. [...]

Esta progresiva desaparición de las relaciones humanas plantea ciertos problemas a la novela. ¿Cómo acometer la narración de esas pasiones fogosas, que duran varios años, cuyos efectos se dejan sentir a veces en varias generaciones? Estamos lejos de
Cumbres Borrascosas, es lo menos que puede decirse. La forma novelesca no está concebida para retratar la indiferencia, ni la nada; habría que inventar una articulación más anodina, más concisa, más taciturna.



Ampliación del campo de batalla, Michel Houellebecq.

Publicado el martes, 19 de diciembre de 2006, a las 14 horas y 20 minutos

ENSEÑANZA. .

La gente enseña para disimular su ignorancia, lo mismo que sonríe para ocultar sus lágrimas.

Oscar Wilde

Publicado el sábado, 16 de diciembre de 2006, a las 12 horas y 29 minutos

HIJOS DE PUTA INGENIOSOS. .

Al poco rato, el tío que tocaba el piano para Valencia, el tío del pelo ondulado y pinta de marica, entró a peinarse sus bucles dorados. Mientras se peinaba empezamos a hablar un rato. Pero no estuvo demasiado simpático.

- Oiga, ¿va a ver a Valencia cuando vuelva al bar? - le pregunté.

- Es altamente probable - me contestó.

Un hijo de puta ingenioso. No hago más que toparme con hijos de puta de lo más ingenioso.


El guardían entre el centeno, J. D. Salinger.






P.D: Eloy, gracias por la cita.

Publicado el viernes, 1 de diciembre de 2006, a las 9 horas y 35 minutos

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Ilustración de Toño Benavides
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