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DIE DEUTSCHE TAGEBUCH (I). 57 HORAS. Y volamos a Alemania.

Como casi siempre, hago las cosas con tiempo. Mañana toca recoger el DNI, entregar papeleos en la Universidad con un mesecito de retraso, y preguntar qué debo hacer para seguir rehabilitandome allá.

Y comprar la maleta, que si no a ver cómo la lleno.

Lo bueno es que nada más llegar nos espera la fiesta grande de Weimar, que es ni más ni menos que la fiesta de la cebolla, cosmopolita y sofisticada como pocas fiestas, y con una rima que invita al humor inteligente, que tanto gusta a D, por poner un ejemplo.

Y por si fuera poco, parece que también se celebra la tremenda efeméride de la típica salchicha Thuringia, la Rostbratwurst, que cumple nada menos que seiscientos (600) años. Por si hacen falta más datos para el chiste, una salchicha Thuringia no es tal si no mide 15-20cm.




Lo normal...

Publicado el lunes, 2 de octubre de 2006, a las 1 horas y 25 minutos

DIE DEUTSCHE TAGEBUCH (II). ERSTE WOCHE.. Mi primera semana en Alemania ha salido tal y como era de esperar. O sea, casi nada según lo planeado.

Para empezar, yo iba a tener una casa estupenda en una residencia de estudiantes maravillosa, y cuando llegué me dieron un cuchitril en el culo del mundo, caro, y sin más opciones. Y cuando pregunté que cuánto tiempo me daban para decidir, viví lo del chiste: Tiempo? 3... 2... 1....

Así que no tengo casa. Puede que hoy mismo firme por mi nueva habitación, con lo que mis problemas serán buscar un colchón, alfombras, silla, y demás. Y hacerme legal.

Porque hasta ahora soy una cosa rara. Soy inmigrante legal y turista ilegal, all in one. El espacio común europeo me convierte en legal vaya donde vaya, pero sólo si estoy de visita. Si no tengo casa, no tengo empadronamiento. Y si no tengo empadronamiento, no tengo banco, no puedo tener teléfono, etc. Ni la tarjeta de la Universidad me hacen.

Por lo demás bien. No logro entender a casi nadie cuando me habla (de los nativos de aquí, que hablan bien raro y bien rápido), por supuesto no logro hablar alemán, y cuando lo intento chapurreo un híbrido entre alemán, inglés, y castellano, incluso colando algunas palabras en francés. Y tengo algunos cruces mentales, como entre el 2 (zwei) y el cinco (fünf), que me dicen uno y entiendo el otro.

Y también empiezo a echar de menos algunas cosas, empezando por un teclado con todas las cosas en su sitio, y una enye. La necesito.

Publicado el martes, 10 de octubre de 2006, a las 9 horas y 41 minutos

DIE DEUTSCHE TAGEBUCH (III). DAS PARFUM.. El otro día fui a ver Das Parfum, o como dicen los que no saben alemán, El perfume. Entre ellos yo.

Espero que el Babilonio la vea y escriba sobre ella, y no voy a mear en su césped, pero he de decir que me gustó mucho, y que recomiendo que la vean. Me parece que hace justicia a un buen libro, y eso que teniendo como protagonista al mundo de los olores, llevarlo al cine (sin Odorsystem ni ningún invento de esos) era complicado. Para mí fue una experiencia visual maravillosa, sobre todo teniendo en cuenta que no me enteré de nada de lo que decían en la película.

Además, por fin supe lo que quería decir la expresión cine independiente. No puedo ilustrarlo con imágenes, así que trataré de describirlo. Porque cuando te dicen que vas al cine, en España suele ser algo así como un megacentro comercial con multisalas hasta debajo de las piedras, o también un gran cine en el centro de la ciudad, o incluso un viejo cine con solera y muchas historias en la platea.

Aquí para ir al cine me llevaron a una vieja fábrica abandonada, con una triste farola en la puerta y un cartel de uno 30x100cm que decía Kino. Terminamos de abrir la puerta entreabierta, y nos dimos de bruces con lo que hacía las veces de vestíbulo, taquilla y tienda de marranadas. A un metro de la puerta había un contenedor de los que se usan para transporte marítimo o ferroviario, al que le faltaba una de las puertas, que era por donde asomaba el taquillero/acomodador/vendedor de marranadas. Por supuesto, los cinco que íbamos no cabíamos a la vez.

Una vez comprada la entrada (4 euros, descuento de estudiante incluido), giramos noventa grados como el que baila un chotis, descorrimos una cortina y entramos en la sala. Sala que no era más que la citada vieja nave industrial, con las paredes desnudas semicubiertas por unas cortinas (telas es una palabra más apropiada) no suficientemente grandes para ocultar los muros.

En la pared opuesta a nuestra entrada, una lona blanca. Bajo ella, un altavoz grande, flanqueado por dos réplicas en los extremos de la platea. Y la platea, con sus butacas. Eso sí, sólo dos filas. Y no todas iguales. El resto, sofás, sillones, sillas, y demás útiles reciclados con el objeto de apoltronarse debidamente para disfrutar de la película. Ahora en invierno la gente ya no se lleva su manta, porque han instalado un nuevo sistema de calefacción.

Yo disfruté, y creo que más de uno también lo haría. Algunos Babilonios dejarían de añorar los Astoria.



P.D: He encontrado una foto del cine en cuestión. Es de día y no le hace justicia. La puerta que se ve está inutlizada, se entra por una más pequeña en el lateral no visible.

Publicado el martes, 24 de octubre de 2006, a las 15 horas y 42 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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