EL REGRESO DE MR. RIPLEY. Match Point, la última película del incombustible Woody Allen, es un filme perfecto… para aquellos espectadores a quienes no les guste Woody Allen. En efecto, aunque buena parte de la crítica ha señalado el parentesco de
Match Point con
Delitos y faltas, a este cronista más bien le parece que habría que remontarse a los ejercicios «bergmaníacos» del neoyorquino, como
Septiembre, para encontrar las huellas estéticas de su última cinta. Pocas veces las obsesiones privadas, el sentido del humor y, en fin, los rasgos «autoriales» que caracterizan el cine de Allen, han estado tan difuminados como en el filme que nos ocupa.
Todo esto no quiere decir que
Match Point sea una mala película. Al contrario, hay a lo largo del metraje ráfagas de inspiración propias del mejor Allen (sobre todo en su tercio final). No obstante, sí es probable que decepcione a quienes, como el que suscribe, aún disfrutan con la exhibición de las peculiares «neuras» y con la vertiente cómica del prolífico realizador. El tema de
Match Point, una reflexión sobre el azar y los remordimientos —no en vano, en la primera escena el protagonista aparece leyendo
Crimen y castigo—, entronca con las preocupaciones esenciales del director, pero pronto nos encontramos con un desarrollo que contradice las expectativas iniciales. La película no es, pues, un simpático relato criminal al estilo de
Misterioso asesinato en Manhattan, sino más bien un estudio sobre el ascenso de clase y la mediocridad de la alta burguesía. En este sentido, el personaje encarnado por Jonathan Rhys Meyers, un tenista fracasado que consigue casarse con una rica heredera, tiene mucho que ver con el Mr. Ripley creado por la escritora Patricia Highsmith y presentado con el rostro de Matt Damon en
El talento de Mr. Ripley, la irregular película de Anthony Minghella. A partir de la irrupción de la joven actriz interpretada por Scarlett Johanson, la película evoluciona en clave de drama social hasta desembocar en una irónica coda policíaca. Sin embargo, Allen no sabe dosificar aquí sus recursos con la habilidad de sus filmes precedentes. Así, se demora de forma innecesaria en los ritos y costumbres sentimentales de la clase alta londinense y precipita un tanto la investigación criminal del desenlace, que es donde aparecen los rasgos de ingenio más destacados del filme. Acaso a la tonalidad gris de buena parte del celuloide contribuyen también las interpretaciones de un reconcentrado Rhys Meyers y de una Scarlett Johanson que parece haber renunciado a actuar desde el magnífico doblete de
Lost in Translation y
La joven de la perla.
Match Point es una pieza original e interesante dentro de la obra del realizador neoyorquino, que sobre todo valorarán quienes anden nostálgicos de un Allen más reflexivo. El resto de espectadores, que creemos que el director no es un filósofo, sino un excelente cómico, echaremos en falta no sólo la presencia del propio Allen, sino también la liviandad y los desternillantes
gags de algunos de sus últimos filmes, como
La maldición del escorpión de jade y
Todo lo demás.