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NÍCALOS AL MACARENO. Ingredientes, a ojo, para un par de buenos seteros: medio kilo de nícalos, pimientos (esta vez he usado un par de pimientos rojos, carnosos, de Górliz –allí no hay sólo panteras–, y cuatro o cinco pimientos del país –verdes, algo más grandes y más sabrosos que los del Padrón; también algunos pican y otros non, al menos los que mi querida suegra compra por docenas, he llegado a zamparme más de cien de una sentada–), tres dientes de ajo, un buen trozo de chorizo (y/o panceta y/o jamón), pimentón dulce, aceite de oliva, sal y algo picante (el Macareno añade la cayena en el plato, él se pone dos o tres por ración; este mediodía yo he seguido sus pasos, he añadido tabasco verde en el plato, no he puesto picante en la cazuela para que mi churumbel comiera unos cuantos).
Lavamos varias veces los nícalos en agua fría y los troceamos a mano. Los secamos en un trapo. Ponemos en el fuego una cazuela con dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, fileteamos los ajos y los doramos ligeramente; agregamos el pimentón; incorporamos los pimientos, salamos, dejamos que se pochen cinco minutos y agregamos el chorizo y, al minuto siguiente, los nícalos; los guisamos con la cazuela destapada, a fuego más fuerte que flojo, durante siete u ocho minutos, añadimos la sal y luego los dejamos diez minutos más a fuego lento. Como tantos otros guisos, conviene prepararlos de vísperas, así que llegados a este punto tapamos la cazuela y nos aguantamos las ganas de hacer barcos hasta el día siguiente.
(Nícalos, sin ese, en mi casa nunca han dicho níscalos ni robellones)
Publicado el jueves, 12 de octubre de 2006, a las 17 horas y 21 minutos
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