"AQUÍ NADIE SE VA CON LAS MANOS VACÍAS.. Por eso se las cortamos".
Eric Idle, de los
Monty Python (cómo no), despedía así un concurso, donde habían participado el Ché, Mao y Karl Marx, y donde éste había perdido el gran premio (un fantástico tresillo no-materialista, por supuesto), tras haber contestado acertadamente preguntas acerca de
El Capital, pero haber fallado una de fútbol.
Es así, cada vez más. No hay sitio para los que pierden. Un gran campeón de algo dijo alguna vez que el segundo en realidad era el primer perdedor. Y es cierto. No hay sitio para la filosofía (ni para los filósofos; los Monty tenían predilección por los ideólogos comunistas, pero también por los clásicos griegos y los pensadores alemanes), y mucho menos para los que no son ganadores.
Hace unos años me reía mucho cuando en las pelis americanas se decían
perdedor y cosas de esas. Incluso un amigo vivió en primera persona esa especie de reto clásico americano donde le incitaban a hacer algo, y si no era un gallina (él quiso hacerse una foto con su retador para enseñarla cuando volviera aquí, pero no pudo ser). Ahora me río bastante menos, porque cada vez es más real el pensamiento simplista, pero avasallador y único, de "o primero o nada".
Y yo, que me conformo con acabar la carrera o con jugar un partido entretenido, empiezo a tenerlo mal.