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WONG KAR WAI (1): EL HAMPA ENAMORADA. La aparición en DVD de las dos primeras películas de Wong Kar Wai —As Tears Go By (1988) y Days of Being Wild (1991)— permite asomarnos a la prehistoria fílmica de una de las trayectorias más apasionantes de los últimos años. En efecto, antes de consagrarse como el maestro del nuevo cine «poético» oriental, con obras tan hermosas como Deseando amar (2000) y 2046 (2004), Wong Kar Wai era un realizador ampliamente conocido y respetado en los círculos críticos internacionales, al menos desde su tercera película, Chungking Express (1993), a cuya difusión contribuyó nada menos que Quentin Tarantino.

Pero en esta reseña vamos a centrarnos en su opera prima. As Tears Go By contiene en germen todas las obsesiones que caracterizan al director, junto con otros aspectos más o menos coyunturales que han ido desapareciendo con la depuración de su estilo. Por un lado, se advierte aquí el tema principal de su obra, es decir, la búsqueda del amor como horizonte vital y justificación última de la existencia. En este caso, dicho tema aparece plasmado en la relación sentimental que une a un joven mafioso con su prima, que debe pasar una temporada alojada en su casa. Por otro lado, Wong Kar Wai ensaya, aunque sin alcanzar la perfección formal de sus filmes posteriores, los dispositivos retóricos que suelen jalonar su celuloide: planos casi imposibles, juegos con texturas y colores, escenas al ralentí, aceleración de imágenes, utilización de leitmotivs musicales (la canción Take My Breath Away), etc. Además, estos mecanismos no derivan en un estilo barroco o artificioso, sino que se integran con naturalidad en el discurso estético.

No obstante, como hemos apuntado, también aparecen en As Tears Go By algunos motivos que pronto habrían de perder relevancia en el cine de Wong Kar Wai. El más llamativo de ellos es la irrupción de la violencia, que alcanza aquí cotas difícilmente superables. Esta presencia está ligada, en el desarrollo argumental, a la trama que recoge los avatares del hermano menor del protagonista, un mafiosillo de poca monta y de carácter irascible que llevará al personaje principal a meterse en líos cada vez más complejos. Dicha vertiente temática, cercana a los filmes japoneses de «yakuzas», propicia asimismo las deficiencias de As Tears Go By, sintetizadas en una serie de secuencias de amenazas, torturas y crímenes un tanto reiterativas. Esta propensión a la plasmación explícita de la violencia, si bien explica la admiración de Tarantino por la obra del director, aproxima su película a los trabajos iniciales de Takeshi Kitano (Violent Cop y Boiling Point) o de los hermanos Pang (Bangkok Dangerous), tal como rubrica el desenlace del filme.

Con todo, Wong Kar Wai consigue elevarse sobre la plantilla argumental que le sirve de modelo cuando renuncia a las claves del cine «de género» y abandona sus códigos cerrados para abrazar un estilo más libre. En ese sentido, las visitas del protagonista (Andy Lau) a la isla donde habita su prima (Maggie Cheung) tienen ya la impronta visual y el hondo lirismo que más tarde definirán la marca de fábrica de Wong Kar Wai. Por todo ello, As Tears Go By nos interesa tanto por lo que muestra como por lo que deja adivinar sobre las siguientes películas de un indiscutible genio del cine contemporáneo.

Publicado el sábado, 28 de mayo de 2005, a las 12 horas y 29 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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