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"HAY UN TRABAJO MUY CHULO, CON MUCHO ROLLO". Eso me dijo. Y seguí escuchando. Y pensé que tenía razón. "Tendrás que venirte al estudio, y tu señora si quiere también, que hay mucho y tenemos mucha prisa". Y dije que sí, y mi señora que también.
Una semana más tarde, aproximadamente, hemos asomado la cabeza fuera del agua. Una bocanada de aire fresco, la mirada hacia el fondo, y el sentimiento de que todo ha pasado demasiado rápido y demasiado lento. Tenemos que coger fuerzas, porque después del respiro continuaremos.
Y mientras tanto, nada. Nada de nada. "Llámame y nos tomamos algo" me dijo mi padre. Le contesté que sí, que me podría escapar. Meeec, error. "Sube a comer", dijo mi madre. Meeec. "Dará tiempo a hacer seis" dije a mi jefe. Al final dos y por los pelos. Y mientras tanto otro posible trabajo que se descolgó, mil clases a las que no asistí, unas cervezas, el partido, el sábado, el tiempo libre, los días de sol, el dormir más de la cuenta, el tumbarte hasta pensar que te aburres.
Bueno, hay más días que longanizas. Y echo la vista atrás y pienso que ya son demasiadas las veces que repito esas palabras. Y queda menos, siempre queda menos.
Publicado el lunes, 13 de marzo de 2006, a las 22 horas y 15 minutos
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