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DE MADRUGADA. Sueño interrumpido, oscuridad, murmullos lejanos, la vejiga llama.
Me levanto, busco la puerta, acierto con la luz a la tercera, tres pasos, la puerta del aseo. Y me paro. Como siempre. El corazón se acelera, la respiración también, enciendo la luz, el baño parece enorme, parece que nunca llego a abarcarlo, y me preparo.
Como siempre no hay sorpresa, como siempre no hay susto, como siempre he podido abrir la puerta sin que algo me lo impidiera, como siempre no hay cadaver en la bañera, como siempre nada de sangre. Meo como siempre, me lavo como siempre, me vuelvo a dormir como siempre, tardo en lograrlo como siempre, y me despierto un par de veces por otros motivos, como siempre.
Hasta que pase lo que no pasa nunca. O hasta que nunca pase.
Publicado el domingo, 26 de marzo de 2006, a las 23 horas y 46 minutos
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