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COSA RARA LO DE MI MEMORIA... Suele fallarme, pero a la vez suele funcionar muy bien. Un amigo decía de mí que era la persona más estúpida que conocía, porque era la que más datos estúpidos era capaz de recordar. Buena definición.
El caso es ese, que suelo recordar tan bien como suelo olvidar. Recuerdo cosas vagas, perdidas, sin detalles, pedazos. Y como lo que no suele fallar es la imaginación, el cerebro acaba completando la información perdida. El caso es que no suele avisar, no dice qué parte era la sucedida en el mundo real y qué parte la sucedida sólo en mi cerebro. El caso es que no recuerdo que en la línea anterior había empezado con "el caso es que", y empezar dos frases iguales queda feo (no te digo nada si son tres).
No recuerdo qué escritor era famoso por las mentiras que contaba. Flota en una laguna mental, cómo no; recuerdo que era sudamericano, aunque puede que me lo esté inventando. Y este escritor se vanagloriaba de sus mentiras, de cómo recreaba lo no sucedido, porque decía que, sin duda alguna, su versión era mucho mejor que lo sucedido.
El círculo vicioso es cada vez más grande. Como cada vez recuerdo menos cosas, y cada vez las recuerdo de forma más deformada, cada vez me tomo menos molestia en acumularlas en la cabeza. Y cada vez más, relleno esos huecos con datos de los que mi amigo llama estúpidos.
Ellos, mis amigos, se ríen de mí porque siempre cuento las mismas historias, y nunca recuerdo habérselas contado. Ella, mi señora, disfruta maliciosamente escuchándome recontarlas, porque cada versión tiene cosas nuevas con respecto a la anterior. Y yo ya no me creo nada de lo que digo, pero cada vez escribo más.
Publicado el miércoles, 15 de marzo de 2006, a las 21 horas y 02 minutos
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