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CAHIERÍSIMOS. Una de confesiones. Vino primero Dirigido, con su lenguaje baziniano, y la amé como un niño —en el primer número que conservo, de septiembre de 1994, Tarantino presentaba Pulp Fiction—. Luego me fui vistiendo en versión original, y me hice cahierista, situacionista, godardiano y hasta garreliano (a pesar de que poco sabía de Godard, y nada de Garrel). Y sonreía con la complicidad de los conjurados. Y ahora, en el arrabal de madurez, he descubierto la desnudez española de los Cahiers, y no he tenido más remedio que amarla nuevamente. Que conste: aunque soy el rey del quiosco, nunca he sido infiel a ninguna. Puede que sea polígamo, pero me niego a convertirme en tránsfuga.

Publicado el martes, 27 de noviembre de 2007, a las 21 horas y 31 minutos

LA PINTORA DE BATALLAS. Se llama Marjane Satrapi, nació en Irán, vive en Francia y ha rodado Persépolis, inspirada en su propia novela gráfica. Que abandonen toda esperanza los amantes del exotismo y del celuloide pintado: Persépolis se parece a un grito, al Grito de Munch disfrazado con velo y con vaqueros. Pocas películas con personajes de carne y hueso destilan tanta verdad como esa crónica dibujada de una vida propia y de un país ajeno. A veces la crítica acaba pareciéndose a un eslogan publicitario, pero sí, Persépolis es descarada y triste, trágica y divertida, un punto nostálgica y, desde luego, desgarradora. Historia en letra mayúscula, historia en letra minúscula e historieta en diminutivo. Y todo ello sin abdicar de la fidelidad a un modo particular de concebir el arte y la existencia. ¿He dicho ya que deberían ir a verla?

Publicado el martes, 13 de noviembre de 2007, a las 19 horas y 50 minutos

CON LA FRENTE MARCHITA. Vuelvo como Gardel, salvando las distancias. Ni veinte años después ni con la frente marchita, pero por la misma razón: una cierta nostalgia de las palabras. Para cada ausencia hay siempre un pretexto, y la voluntad se encarga de fabricar excusas con la misma fabulosa rapidez con que la memoria las olvida. Así que no pienso dar explicaciones, porque en el pecado llevo la penitencia de tener que resumir meses de cine en un apretado balance. Me gustaron Planet Terror, puro Robert Rodríguez en un ejercicio de kitsch desaforado; La ciudad de Sylvia, que demuestra que Guerín pertenece a la rara categoría de los plastas interesantes, capaces de aburrir e intrigar al mismo tiempo, y Promesas del este, un contundente policiaco en el que Cronenberg demuestra que lo de la «nueva carne» era una etiqueta de quita y pon. Me decepcionaron Los climas, de un Bighe Ceylan tirando a pelmazo; Death Proof, en la que Tarantino desaprovecha a Kurt Russell en sesiones de aburrida cháchara «pijeril», y El romance de Astrea y Celadón, cuya morosidad es una invitación a abandonar la sala en plena orgía pastoril… y pensar que a este cronista le apasionaba el Rohmer estacional. Me entretuvo El ultimátum de Bourne y me horrorizó mucho más Caótica Ana que El orfanato, aunque no por las mismas razones. El cine español tuvo su aquel con Siete mesas… y Mata Haris, que, sin ser nada del otro mundo, al menos aportan una mirada adulta a las relaciones humanas. Y, en fin, aquí estoy otra vez, para lo que ustedes gusten.

Publicado el jueves, 8 de noviembre de 2007, a las 21 horas y 33 minutos

LA PARADOJA DE LA ARAÑA. Cuando Sam Raimi decidió ponerse detrás de la cámara para relatar las aventuras del hombre araña más famoso del tebeo, sabía que estaba aceptando un trabajo para toda la vida. Spiderman 3, acaso menos novedosa que sus predecesoras, confirma que Raimi no ha perdido ni el norte ni la capacidad para mantener al espectador pegado a la butaca durante más de dos horas. Y nada mejor para conjurar los peligros del manierismo que multiplicar los villanos, aumentar la ambigüedad moral de los personajes y permitirle a Tobey Maguire un recital interpretativo con un par de gags memorables. El hamletiano Spiderman descubre aquí que no basta con plantearse la conciencia del superhéroe (Spiderman) ni aceptar la propia identidad (Spiderman 2), sino que hay que saber sobreponerse al mismo triunfo. Y, mientras el héroe debate con sus incertidumbres, un servidor se encuentra atrapado en una telaraña de celuloide.

Publicado el lunes, 21 de mayo de 2007, a las 21 horas y 00 minutos

MÁS ECUACIONES. Trabajos de amor perdido+Ricardo III (versión de Richard Loncraine)+Amadeus. Resultado: La flauta mágica. Kenneth Branagh da rienda suelta al espectáculo superferolítico y demuestra que cualquier tiempo pasado (¿qué se fizo de aquel espléndido Enrique V?) suele ser mejor. Para enfermos terminales de hiperestesia y amantes del gorgorito.

Brothers+No me mandes flores+Cuatro bodas y un funeral. Resultado: Después de la boda. Susanne Bier, criada a la alargada y dogmática sombra de Lars von Trier, expone aquí algunas de las paradojas del cine de autor contemporáneo. Entre el dramón familiar, la catarsis colectiva y la conciencia social, la película se pierde en un mar de indefinición y sólo sale a flote in extremis. Para fieles náufragos del cine europeo.

Uno de los nuestros+La conversación. Resultado: El buen pastor. Robert de Niro carece de la garra narrativa de Scorsese. Pero, a falta de nervio, ofrece un relato sólido, bien hilvanado y excelentemente interpretado sobre los entresijos de la Agencia Secreta más conocida del mundo. Para los que le piden a Hollywood «historias como las de antes».

Publicado el domingo, 22 de abril de 2007, a las 15 horas y 09 minutos

LARS VON TRIER RÍE. En El jefe de todo esto. Y un servidor también. Incluso a mandíbula batiente. Y es que resulta difícil evitar la carcajada en esta pieza maestra del humor del absurdo elaborada mediante la siguiente receta. Ingredientes: arquetipos desmitificados, giros argumentales imprevistos y ciertas dosis de parodia «dogmática». Cocción: a fuego lento. Sírvase: con unas gotas de coña beatífica, como diría el poeta. Sin embargo, al salir de la sala y escuchar los comentarios del público, este cronista intuye que Jardiel Poncela habría fracasado igualmente en nuestros días. Parece que el mundo ya no está para comedias inflamables, aunque sean tan enloquecidas y delirantes como la que propone el danés. Entonemos un réquiem por el gran Gambini.

Publicado el lunes, 2 de abril de 2007, a las 22 horas y 04 minutos

WINTERBOTTOM MIENTE. Aquellos espectadores que deseen ver una adaptación fidedigna de un clásico literario no deberían acercarse a las salas donde se proyecta Tristram Shandy. Y no porque el nuevo filme de Winterbottom sea una mala película, sino —me atrevería a decir— por todo lo contrario.

Me explico: el director inglés no ha rodado una película de Tristram Shandy, ni siquiera sobre Tristram Shandy, sino en torno a Tristram Shandy. Se trata de un curioso experimento metagenérico cuyo precedente inmediato se hallaría tal vez en Looking for Richard, donde Al Pacino reflexionaba sobre la naturaleza humana y literaria del Ricardo III shakesperiano. Como aquel filme, el de Winterbottom combina las imágenes de una hipotética adaptación de la obra literaria —en este caso, la de Sterne— con lo que se cuece entre bambalinas. La diferencia reside en el punto de vista, pues Winterbottom se aleja de la tonalidad ensayística para confeccionar una originalísima comedia, con momentos desternillantes. Jugando la baza del cine dentro del cine, el realizador centra su atención en el personaje de Steve Coogan, en un papel muy similar al que le vimos interpretar en Café y cigarrillos, de Jarmusch. En el límite entre realidad y ficción, Winterbottom entronca aquí (y no sólo por la elección del protagonista) con la que tal vez sea su mejor película hasta la fecha: 24 Hours Party People.

A medio camino entre el falso documental y la pura creación, este filmíbrido muestra la versatilidad de quien parece moverse con semejante desenvoltura en el cine social (Wonderland), el político (Bienvenido a Sarajevo, Camino a Guantánamo), el western (El perdón), el de ciencia-ficción (Código 46), el musical (la citada 24 Hour Party People), el erótico (Nine songs) y hasta el de época (este Tristram Shandy). Los detractores de Winterbottom dirán que no ha inventado nada. Pero nadie reinventa como él.

Publicado el miércoles, 28 de marzo de 2007, a las 15 horas y 14 minutos

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Ilustración de Toño Benavides
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