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www.bestiario.com/mantenido
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¿BALANCE?. Además de poder colgar textos y fotos, los blogueros de Bestiario pueden moderar la sección de comentarios de sus bitácoras. Es decir, pueden usar el gestor de contenidos para editarlos o borrarlos. Y, de igual modo que nadie se ocupa de controlar los contenidos que se cuelgan, nadie supervisa de qué manera se moderan los comentarios. Esto permite que cualquier bloguero puede quitar comentarios spam, por ejemplo, y otros comentarios que según su opinión deben ser eliminados. Al montar esta web, podríamos haber eliminado esa opción del gestor de contenidos para que sólo TresTristesTigres pudiera borrar comentarios, pero la verdad es que desde el primer día los blogueros de Bestiario han tenido libertad para moderar los comentarios a su antojo.
Después de que Pedro de Miguel, autor de Letras enredadas, haya borrado en un texto sobre el aborto un comentario de Manuel Rodríguez, diseñador de su blog y de todo Bestiario (además de socio de TresTristesTigres, con David Gil y conmigo), se ha abierto un debate que puede terminar, o no, con la situación actual.
Manuel, en un mensaje a los blogueros de Bestiario que ha divulgado Toño Benavides en El ojo en la nuca y que repito a continuación, dice estar sorprendido y desilusionado:
«Hola a todos:
Os escribo para comentaros que no doy crédito a lo que me ha pasado esta tarde. He entrado en el blog que escribe Pedro de Miguel, Letras enredadas. El post de hoy habla del aborto. En él se recogen cifras y se hace una valoración personal sobre el asunto. Hasta ahí, todo bien. Leo los comentarios, donde aparecen palabras como "exterminio" y "desgobierno". Perfecto.
Y yo dejo el siguiente comentario: "Título: Lógico. Texto: Por eso los curas follan entre ellos, para no tener que pasar por el quirófano". Pasados diez minutos, para mi sorpresa, el comentario ha sido borrado.
Siempre he respetado todo tipo de opiniones en Bestiario, aunque no haya estado de acuerdo. Es más, creo que una de las cosas buenas que tiene este portal es que da cabida a todo tipo de contenidos (sexo, cine, música, libros) y personas.
Además es un proyecto que se ha creado con mucho esfuerzo e ilusión, que cuesta dinero (por dominios, servidores, etc) y en el que la única recompensa es poder leer a gente de la talla de Montero, Pedro de Miguel o Toño, por poner un ejemplo, y los comentarios que sus textos generan. Estoy muy desilusionado con lo que ha ocurrido hoy. Sólo quería compartirlo con vosotros».
En ese mismo post, Toño añadía:
«No juzguéis si no queréis ser juzgados pero opinad que aquí no censuramos a nadie».
En Mi vida como un chino, Matías Bruñulf, se ha preguntado:
«¿Cuándo un comentario es ofensivo? ¿Cuándo me ofende a mí? ¿O a mi raza? ¿O a mi ideología? ¿O a mi prima (tengo una que se parecía a Zuleiko cuando tenía quince años, pegó el estirón y se le quedaron igual los ojos, pero sigue estando fetén, la hijaputa)? ¿O a mi aldea? ¿O a mi credo? Creo que sí. A Pedro le han dado por ahí».
Bruñulf también comentaba:
«Yo también me enredo mucho, pero sólo he borrado, hasta ahora, un comentario: era insultante, no tenía sentido, se veía que su perpetrador no había leído ningún texto (intuyo que no sabía leer) y, por último, era un cretino. Podría decir sinceramente que los lectores de Mi vida como un chino son encantadores. Y educados. Comunicarme con ellos, con ustedes, ha sido un placer y toda una experiencia. El respeto siempre ha sido norma (no escrita) y, cuando no ha sido así, me he jodido y bailado».
También han opinado sobre lo ocurrido Daniel Cano, autor de La cuarta fotocopia, y Montero Glez, que escribe La trinchera cósmica. Daniel ha colgado este comentario en el blog de Pedro:
[8] Yo. Aparte de a favor del aborto, estoy a favor de la eutanasia, de la legalización de las drogas al estilo holandés, del derecho a la autodeterminación (creo que también es un derecho recogido como fundamental por las Naciones Unidas, pero no me hagan mucho caso), y de alguna cosa más que se me olvida, como a favor de que cada cual pueda expresar su opinión como la sienta, y también en contra de bastantes cosas, pero mejor no sigo por ahí.
Estoy a favor de sitios como Bestiario, un lugar que da voz con un marco de mucha calidad a gente tan dispar como Toño Benavides, dibujante y escritor tan magnífico como surrealista, Montero, no-compañero de Durruti por una no-coincidencia temporal, como Pedro de Miguel, aquí presente y al que todos conocerán y valorarán (yo lo hago, prueba de ellos son mis comentarios frecuentes), o como yo mismo.
Todo esto iba porque yo soy oyente de la SER por las noches, y de Onda Cero por las mañanas, y como oyente de la ser que soy me he sentido ofendido directamente en muchas ocasiones por comentarios escritos en estas páginas. Podríamos llamarlos "comentarios ofensivos", o incluso "comentarios susceptibles de ser borrados".
Pido que los respeten, estamos mejor todos juntos.
Para no alargar esto más aún, copio aquí el principio y el final del texto de Montero:
Censura en la red. Los bien-pensantes y los bien-comidos leen esta bitácora tan chachi que se han montado los de bestiario. Me alegro. Lo que no me alegra tanto es que se metan en las tripas y censuren los comentarios de la gente libre.
La cosa ocurrió el viernes pasado, en el blog que escribe mi vecino, Pedro de Miguel, un tipo que gasta txapela y los mismos aires de Baroja cuando se pone a darle a la tecla. Sólo pasarse por su blog, Letras enredadas, y saber a lo que me refiero. Pero a lo que vamos, que el viernes, en su diario, hacía una valoración personal sobre el asunto del aborto. Hasta ahí, todo bien. Pero una vez que se hacen los comentarios, en uno de ellos y cuyo texto venía a decir que los curas follan entre ellos para no tener que pasar por el quirófano, pasados unos minutos, el comentario había sido borrado.
(…) Pero a lo que iba, que hay temas intocables y uno de ellos es la puta religión. Y si no que se lo pregunten al autor de Los versos satánicos.
A los anarquistas se les acusa de haber quemado iglesias.Por una puta vez en la Historia de este país que se mete fuego a los que levantaron hogueras en nombre de Dios y prendieron a los herejes, por una puta vez que la Historia dio la vuelta, tampoco es para quejarse.
Y Pedro, en respuesta al mail de Manuel, le ha contestado lo siguiente:
«Estimado Manuel:
Siento el "pollo" que se ha montado con el asunto de la censura de tu comentario en mi blog. No sabía que eras tú, hasta que Leandro me contó la historia. Si lo hubiera sabido, ten por seguro que te habría preguntado primero, exponiéndote las razones por las que me parecía conveniente borrarlo. A partir de ahora actuaré así, en el improbable caso de que se repita la situación. Es obvio que tengo que estar agradecido a que personas como tú hayan hecho posible Bestiario.
En cuanto a la "censura", la utilicé porque el mismo sistema de Bestiario admite esa posibilidad, al permitir borrar comentarios que parezcan no procedentes al dueño del blog. Así se me explicó cuando comencé en Bestiario. Si estoy equivocado, aceptaré con gusto ese cambio de criterio y me iré tranquilamente. No pasa nada. Lo último que querría es molestar a alguien.
Así que disculpa. Y un saludo,
Pedro de Miguel».
Como bloguero de Bestiario y miembro de TresTristesTigres, me gustaría ofrecer una solución que contentara a todos, pero me parece díficil de encontrar. Podríamos decidir que Bestiario sea un sitio donde no se pueda censurar ningún comentario, pero esa opción no parece realista, ya que a menudo es preciso eliminar comentarios publicitarios o spam, sin contar con aquellos que puedan ser ofensivos o delictivos. Puesto que alguien debe ejercer esa función, ¿los blogueros deben continuar teniendo libertad para borrar y editar comentarios, o debería pasar a ocuparse TresTristesTigres de ese cometido? Aunque lamento y no me gusta lo que ha ocurrido, creo que debemos seguir como hasta ahora. De todas maneras, se aceptan sugerencias. Y opiniones.
Publicado el martes, 1 de agosto de 2006, a las 13 horas y 37 minutos
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¿UNA SOLUCIÓN?. Está claro que, como dice, Toño Benavides, he intentado hacer balance y no lo he conseguido. Basta con leer los últimos textos de Toño y Montero Glez.
Perdóname, Toño, pero ¿estoy justificando a Pedro cuando digo que desde el primer día los blogueros de Bestiario han tenido libertad para moderar los comentarios a su antojo? Vuelvo al principio: Manuel decía en su mensaje que estaba desilusionado. Yo también. Me hubiera gustado que Pedro no hubiese borrado el comentario; creo que en vez de borrarlo le debería haber replicado a través de la sección de comentarios, pero sin embargo creo que Pedro tiene derecho a borrar comentarios. ¿Justificas tú mismo a Pedro, cuando dices «es su bitácora, que haga con ella lo que le quiera»?
¿Y dónde equiparo sentirse ofendido con ser censurado? Dices que «parece» que justifico la censura «con la disculpa de una necesaria defensa ante el spam», cuando dejo claro que cualquier bloguero tiene derecho no sólo a eliminar comentarios spam sino también los que sean ofensivos o delictivos. Si mañana alguien escribe en tu bitácora un comentario que te parece ofensivo o delictivo, ¿lo vas a borrar? Probablemente no. También ha dicho Montero Glez que él nunca ha borrado un comentario y que va contra sus principios eliminarlos, pero ¿no deberíais tener al menos el derecho a borrarlo, a decidir si quieres borrarlo o no? ¿O te parecería mejor que fuéramos TresTristesTigres quienes ejerciéramos esa función? Suena muy bien eso de que « cualquier memo puede sentirse ofendido por cualquier memada y no por ello vamos a respetar esa debilidad recortando nuestra propia libertad de expresión», pero ¿hay criterios objetivos para decidir qué es ofensivo o delictivo? Alguien, el bloguero o TresTristesTigres, con sus criterios subjetivos, debe ser quien pueda borrar comentarios.
Me gustaría encontrar una solución, sí. Ya digo que lamento lo ocurrido, y lo que está ocurriendo. Escribo esto sin hablar con David Gil (está de vacaciones), que podría decir si esta «solución» resulta fácil de desarrollar o no. Es algo enrevesada, pero podría servir: ¿qué os parece que montemos algo para que cada vez que alguien borre un comentario lo sepamos todos? Así el bloguero podría continuar ejerciendo su derecho, y al mismo tiempo tanto el resto de los blogueros como TresTristesTigres nos enteraríamos, y podríamos tomar las decisiones que nos parezcan oportunas. ¿Qué decisiones? Pues no sé, las que cada uno crea convenientes: por ejemplo, Montero Glez, con su inimitable estilo, ya ha dejado claro que va a dejar de leer el blog de Pedro. Por otra parte, en este caso hemos visto que todos hemos podido criticar lo ocurrido, tanto en nuestras bitácoras como en otras, así que podemos suponer qué sucederá si vuelve a ocurrir algo similar. Por último, creo que TresTristesTigres tiene tanto derecho a admitir como a expulsar. ¿Merece ser expulsado Pedro por lo que ha hecho? Yo creo que no, y no sólo porque le haya pedido disculpas a Manuel.
No sé dónde vi o leí el otro día que para los españoles dialogar y discutir son sinónimos. En fin, además de discutir, ¿no deberíamos intentar aprender de los errores?
Publicado el miércoles, 2 de agosto de 2006, a las 20 horas y 20 minutos
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STEVEN D. LEVITT Y STEPHEN J. DUBNER. En Freakonomics: « La información es un faro, un garrote, una rama de olivo, un elemento de disuasión, dependiendo de quién la maneje y cómo».
Publicado el jueves, 3 de agosto de 2006, a las 17 horas y 42 minutos
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ARAL. Casi siempre encuentro una excusa para no tirarme de cabeza a la piscina.
Publicado el viernes, 4 de agosto de 2006, a las 12 horas y 31 minutos
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AGOSTO. Agosto quizá sea el mes más peculiar del año, en el que más rompemos nuestras rutinas, en dura competencia con el navideño diciembre y con enero, el mes de los Reyes Magos y de la cuesta.
Como debe ser, la Real Academia Española no se moja cuando define agosto. Primero dice que la palabra procede de Augustus, renombre del emperador Octaviano, más conocido como Octavio, y luego se limita a indicar que se trata del octavo mes del año y que tiene 31 días. En eso estamos todos de acuerdo (por ahora, nunca se sabe). La RAE no añade que España se queda parapléjica en agosto y que muchos empleados, año tras año hasta su jubilación, se ven forzados a gastar sus días libres en este mes (y/o en la quincena anterior). Forzados, y no sólo por sus empresas o por las administraciones, sino por las vacaciones escolares o el parón generalizado: en muchas profesiones no resulta rentable trabajar en agosto y largarse cuando se reanuda la actividad económica.
¿Pero a quién le gusta irse de vacaciones en agosto por obligación, porque sí? ¿No preferimos «descansar» (las vacaciones casi siempre cansan) en cualquier otro momento, sobre todo cuando al resto le toca currar? ¿Y a quién le apetece trabajar en agosto, cuando casi todos holgazanean, a pesar de que proclamemos que se suele estar menos atareado, o más tranquilo?
En el diccionario además encontramos la frase coloquial «hacer el agosto», que significa «hacer negocio, lucrarse, aprovechando ocasión oportuna para ello». ¿Quiénes hacen el agosto estos días? Dueños de hoteles, restaurantes, terrazas y demás chiringuitos turísticos; se diría que el resto de los mortales contribuimos a que hagan su agosto, mientras soportamos el mes, con sus calores, sus aglomeraciones en las playas, sus huelgas en los aeropuertos…
Arrastro agosto. Agosto agota.
Publicado el lunes, 7 de agosto de 2006, a las 10 horas y 03 minutos
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CONTACTO. Ocurrió hace tres o cuatro semanas, en el metro. Un mendigo barbudo y cuarentón al que he visto varias veces en esa línea entró en Serrano. Con sarcasmo, aunque mirando al suelo, comenzó a soltar su discurso habitual, un monólogo para nada lastimoso que pretendía que sonriéramos un poco, al menos un poco. La mayoría de los pedigüeños del metro permanecen en el vagón una parada, pero éste aguantó dos. Poco antes de llegar a Alonso Martínez empezó a recaudar. En mitad del vagón, una mujer abrió el monedero justo cuando el barbudo le ofrecía unos kleenex a una chica que estaba enfrente. La chica rechazó el paquete, le dijo que estabábamos en verano y que no lo necesitaba, pero le entregó unas monedas. Mientras tanto, la mujer dudó, alargó el brazo y estuvo a punto de tocar la espalda del barbudo, pero no llamó su atención. No se atrevió a rozarle. De espaldas a ella, el hombre se dirigió a la puerta. La mujer, ya con el dinero en la mano, no le llamó. Pero cuando avisé al barbudo y se dirigió hacia ella, sí que se quedó con el paquete de pañuelos.
Publicado el miércoles, 9 de agosto de 2006, a las 12 horas y 31 minutos
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Publicado el viernes, 11 de agosto de 2006, a las 18 horas y 54 minutos
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VACACIONES CASERAS. Burgos, ciudad de vacaciones. Aunque sin playa, y por ahora sin algunos de los servicios y las ofertas que puede ofrecer a sus habitantes una ciudad grande (¿una ciudad grande es siempre una gran ciudad?, ¿una ciudad pequeña puede ser una gran ciudad?), no se me ocurre otra mejor. Bueno, otra que me agrade más. Prefiero quedarme en casa, cuando mi casa se encuentra en un sitio como Burgos. Si viviera en Palencia, en Ávila, en Segovia, o en cualquier pueblo tranquilo y bien abastecido, seguro que diría lo mismo. En cambio, fijo que me encontraría muy agobiado si residiera qué sé yo, en cualquier lugar rebosante de turistas o en cualquier ciudad prefabricada para sacarnos los cuartos durante las vacaciones.
Por otro lado, casi todos estamos mejor en nuestro sofá y en nuestra cama, que ya se ha adaptado a nuestros michelines, que en cualquier otro sitio. Además, a los aventureros de salón nos basta con una biblioteca y un mando a distancia para adentrarnos por este mundo nuestro. Abrimos un libro o ponemos la televisión y viajamos al pasado o al futuro, según nos dé, y accedemos a los lugares más remotos, apasionantes, sugestivos y cautivadores del orbe, mientras conocemos con todo lujo de matices y pormenores a personas tan distintas como interesantes. No jugamos a la lotería (cuántos viajes llenos de expectativas favorables acaban mal) y nos ahorramos sorpresas (las sorpresas pueden ser agradables y divertidas, o nefastas y engorrosas). También estamos muy a gusto paseando por las calles de nuestra ciudad en el momento del año en que nos deja menos fríos.
A los aventureros que visten como Stanley y Livingstone les gusta considerarse viajeros, en vez de turistas, pero eso no impide que se equivoquen. ¿Cuál es el antónimo de turista? No caigo en qué nombre podría servir. Quizá no existe porque ser alérgico a las vacaciones fuera de casa resulta sospechoso.
Publicado el lunes, 14 de agosto de 2006, a las 12 horas y 22 minutos
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TIM O'BRIEN. En Las cosas que llevaban: « Las historias son para unir el pasado con el futuro. Las historias son para altas horas de la noche, cuando no puedes acordarte cómo pasaste de donde estabas adonde estás. Las historias son para la eternidad, para cuando el recuerdo ha sido borrado, para cuando no queda nada que recordar salvo la historia».
Publicado el viernes, 18 de agosto de 2006, a las 11 horas y 39 minutos
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¿QUÉ SOMOS?. ¿Alguien sabe qué somos? ¿A alguien le importa? Pregunten a un niño, a un anciano, a cualquiera. Además de terrícolas, europeos y españoles, y de burgaleses, mirandeses, arandinos o, qué sé yo, segisamonenses, ¿somos castellanoleoneses, así todo junto, o castellano-leoneses, con guión, o castellanos y leoneses, en plan copulativo pero marcando distancias? El otro día me asaltó la duda mientras trataba de llegar hasta el final del proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía de Castilla y León, unos cuantos folios que la temporada política que se avecina quizá pasen con más pena que gloria por telediarios y periódicos hasta que entren en vigor.
Según la Real Academia Española, los naturales de Castilla y León son… castellanoleoneses o castellano-leoneses. Valen los dos gentilicios. Pero, sin embargo, en el proyecto del Estatuto no aparecen nunca. Es decir, no nos llaman como debieran llamarnos. ¿Por qué? Ni idea. Ignoro los motivos que han provocado que no en todo el documento nos aludan con una expresión que atufa a lenguaje políticamente correcto: «los castellanos y leoneses». Si el buscador del Microsoft Word no me falla, en el proyecto figura trece veces, qué mala suerte, la expresión «los castellanos y leoneses». No puede ser casualidad que jamás nos llamen castellanoleoneses o castellano-leoneses, ¿verdad?
Leo en el preámbulo que ha llegado «el momento de plantear una nueva reforma tan oportuna como necesaria», que se pretende «hacer una reforma que nos permita disponer de un Estatuto que, dentro del marco constitucional, esté equiparado al mas alto nivel», que Castilla y León es una comunidad «rica en territorios y gentes», que «ha forjado un espacio de encuentro, diálogo y de respeto entre las realidades que la conforman y definen»… Todo suena muy bien, pero queda empañado por una duda: si nuestros políticos saben qué somos, ¿por qué no lo dicen?
Publicado el lunes, 21 de agosto de 2006, a las 12 horas y 07 minutos
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LA ESTACIÓN. No tienes remedio. Antes de que llegaran los hipermercados, con sus multicines y sus centros comerciales y sus franquicias, echabas pestes ante la invasión y te lanzabas en defensa de los comercios de toda la vida, del mercado, de los ultramarinos (para Arturo Pérez-Reverte, ultramarino es la palabra más bella de nuestro idioma), de los cines con pantalla grande (¿quién no se acuerda del Goya, del Tívoli, del Gran Teatro?). Ahora estás mejor calladito, mientras engulles palomitas en una sala diminuta o mientras de ciento en viento eres infiel a tu frutero, a tu carnicera y a tus pescaderos.
Te has pasado media vida despotricando contra la estación. Como todos. Pero ahora, justo ahora, cuando comienzan las obras de reforma, ya la estás echando de menos. Y no te lamentas porque durante los próximos tres meses, más o menos, tendrás que coger los autobuses en la calle, en las paradas provisionales, sino porque será otra cuando terminen de modernizarla, allá por la primavera del año que viene. Será otra: parecida, quizá, pero distinta. Mejor, más cómoda, mejor acondicionada, más pulcra, sobre todo más cálida, pero distinta. No, si va a resultar que eres un sentimental: has pasado allí tantas horas, ¿demasiadas?, que te has encariñado de ella, casi te parece entrañable.
Tu ciudad no deja de crecer; más tarde que pronto, o más pronto que tarde (a veces no sabes si ves la botella medio vacía o medio llena), llegará a ser un lugar moderno y funcional, bien comunicado y con buenos servicios. Y, aunque no te parezca que esté perdiendo encanto durante el tránsito, y a pesar de que agradezcas que se haya vuelto más acogedora y confortable, te incomoda una pesadumbre: poco a poco, inevitablemente, se está alejando de la ciudad de tu infancia, de la ciudad de tu juventud, de la ciudad de tus recuerdos. De los años que no volverán.
Publicado el lunes, 28 de agosto de 2006, a las 9 horas y 51 minutos
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